Espiritualidad
Escritura, Tradición y Magisterio
A. Cómo nos llega la Revelación
1. Si la Revelación terminó con los apóstoles, ¿cómo llega hasta hoy?
Por tres cauces unidos: la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia. Los tres, animados por el Espíritu Santo, mantienen viva la memoria de Cristo a través de los siglos. Un mensaje de hace dos mil años, transmitido de boca en boca sin más, habría llegado deformado sin remedio; Dios quiso asegurar que llegara entero (Revelación).
2. ¿Qué es la Sagrada Escritura?
El conjunto de libros que la Iglesia reconoce como Palabra de Dios puesta por escrito (Biblia). Dios no los «dictó» al oído: se sirvió de autores humanos que, con su cultura y su estilo propios, escribieron «todo y solo lo que Él quería». Por eso enseñan sin error la verdad que Dios quiso darnos para nuestra salvación.
3. ¿Qué es la Tradición?
Antes de escribirse una sola línea del Nuevo Testamento, los apóstoles ya predicaban, bautizaban y celebraban la Eucaristía. Esa transmisión viva del Evangelio —por la predicación, el culto y la vida de la Iglesia— es la Tradición. No significa «costumbres antiguas»: es el mismo mensaje de Cristo pasando de generación en generación.
4. ¿Se contradicen la Escritura y la Tradición?
No; brotan de la misma fuente y se necesitan. Un ejemplo: la lista de qué libros forman la Biblia (el «canon») no viene en la Biblia; la conocemos por la Tradición. Y a la vez lo escrito fija lo esencial e impide que la fe se deforme con el tiempo. «Las palabras vuelan, lo escrito permanece».
B. El Magisterio
5. ¿Qué es el Magisterio de la Iglesia?
La tarea de enseñar e interpretar con autoridad la Revelación, confiada al Papa y a los obispos en comunión con él. Cada época trae preguntas que los apóstoles no conocieron —bioética, ecología, economía global—; el Magisterio discierne qué respuestas son fieles al Evangelio y cuáles lo traicionan.
6. ¿El Magisterio está por encima de la Biblia?
No: está a su servicio. No inventa doctrinas ni manda sobre la Palabra de Dios; la custodia y la explica con fidelidad. Escucha antes de enseñar.
7. ¿Qué significa que la Iglesia es «infalible»?
No que cada obispo o cada cristiano no se equivoque —fallan, y a veces mucho—, sino que la Iglesia en su conjunto no puede errar en lo esencial de la fe, porque el Espíritu Santo la asiste. Se da de modo solemne cuando el Papa define una verdad de fe (ex cathedra) o en los concilios ecuménicos. Es una garantía muy concreta y limitada: no cubre las opiniones, los aciertos de gobierno ni los gustos personales de nadie.
C. Leer bien la Biblia
8. ¿Hay que entender la Biblia siempre al pie de la letra?
No, porque la Biblia no es un libro sino una biblioteca: hay crónicas, poesía, oraciones, símbolos, parábolas, cartas. Nadie lee igual una poesía que un acta notarial. Hay que buscar qué quiso enseñar el autor con el género que usaba. Su verdad es «de orden religioso» —quién es Dios, qué sentido tiene la vida, cómo salvarse—, no un manual de ciencia ni una crónica de sucesos (Creación).
9. Criterios para interpretarla bien
Tres, sobre todo:
- leerla con el mismo Espíritu con que fue escrita, con apertura y oración.
- atender a la unidad de toda la Escritura, cuyo centro es Cristo.
- interpretarla dentro de la Tradición viva y la fe de la Iglesia.
10. ¿Cómo sacar provecho espiritual de la Escritura?
Leyéndola con frecuencia y con fe, sobre todo los Evangelios, y convirtiéndola en oración: leer despacio una escena, meterse en ella, hablar con el Señor de lo leído. No se trata solo de estudiarla, sino de dejar que la Palabra hable al corazón y se traduzca en vida.