Espiritualidad
La llamada a la santidad
A. Qué es ser santo
1. ¿Qué es la santidad?
En el fondo, amar mucho: «tanta es la santidad cuanta es la caridad». Es la unión con Dios que crece hasta llenar toda la existencia. No consiste en hacer cosas extraordinarias —visiones, éxtasis, penitencias espectaculares—, sino en amar a Dios y a los demás de verdad.
2. ¿No es la santidad cosa de curas, monjas y místicos?
No. El Concilio Vaticano II lo dijo con todas las letras: «todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad». El casado y el soltero, la enfermera y el taxista, el estudiante y la abuela: cada uno en su sitio, sin cambiar de sitio.
3. ¿Desde cuándo estoy llamado a ser santo?
Desde el Bautismo, que nos hizo hijos de Dios y nos configuró con Cristo (filiación divina). La santidad no es un añadido para voluntariosos: es el desarrollo normal de lo que ya somos por la gracia, como el roble es el desarrollo normal de la bellota.
B. Santificar lo ordinario
4. ¿Se puede ser santo en medio del mundo, con familia y trabajo?
Sí; ese es el camino de la inmensa mayoría. La prueba está en el propio Jesús: de sus treinta y tres años, unos treinta los pasó trabajando en Nazaret, y ni un solo día de aquellos fue tiempo perdido para nuestra salvación (Encarnación). El trabajo, la vida familiar y los deberes de cada día son el material de la santidad, no un estorbo que hay que soportar hasta poder rezar.
5. ¿Cómo se «santifica» lo que hago cada día?
Haciéndolo bien, por amor a Dios y como servicio a los demás. En la práctica:
- trabajar con esmero, sin chapuzas, y ofrecer ese trabajo.
- hacer las tareas de casa con cariño, aunque nadie las note.
- cumplir lo pequeño: la puntualidad, el orden, la sonrisa que cuesta.
- convertir todo eso en oración, con presencia de Dios.
6. ¿Ser santo es dejar de ser normal o simpático?
Al contrario: la santidad no deforma lo humano, lo perfecciona. Un santo es más humano, no menos: más alegre, más servicial, mejor amigo, mejor profesional. Si alguien se vuelve raro, cargante o triste, eso no es santidad; es otra cosa.
C. El camino de cada día
7. ¿Qué medios ayudan a crecer en santidad?
Los de siempre: la oración diaria, los sacramentos —sobre todo la Eucaristía y la Confesión—, la lucha por las virtudes y el servicio a los demás. La santidad se construye con pequeñas fidelidades repetidas, como una catedral se construye piedra a piedra, no con grandes gestos aislados.
8. ¿Y si me caigo una y otra vez?
La santidad no es no caer nunca, sino levantarse siempre. Los santos no fueron personas sin defectos: san Pedro negó a Cristo tres veces y acabó crucificado por Él. Lo suyo fue confiar en la misericordia de Dios y volver a empezar cuantas veces hizo falta.
9. ¿Para qué sirven los santos?
Son ejemplo y ayuda: muestran que la santidad es posible en toda época y condición —hubo santos reyes y santos mendigos, sabios y analfabetos, de 14 años y de 90— e interceden por nosotros desde el cielo (comunión de los santos). Cada uno con su estilo, animan a recorrer el mismo camino con la propia vida.