Espiritualidad
La llamada a la santidad
A. Qué es ser santo
1. ¿Qué es la santidad?
Es la plenitud de la vida cristiana: la unión con Dios que crece hasta llenar toda la existencia. En el fondo, ser santo es amar mucho: «tanta es la santidad cuanta es la caridad». No consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en amar a Dios y a los demás de verdad.
2. ¿No es la santidad cosa de curas, monjas y místicos?
No. El Concilio Vaticano II lo dice con claridad: «todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad». La llamada a la santidad es universal: alcanza al casado y al soltero, al obrero y al profesor, a cada uno en su sitio.
3. ¿Desde cuándo estoy llamado a ser santo?
Desde el Bautismo, que nos hizo hijos de Dios y nos configuró con Cristo. Esa semejanza inicial es una llamada permanente a parecernos cada vez más a Él (filiación divina). La santidad no es un añadido: es el desarrollo normal de lo que ya somos por la gracia.
B. Santificar lo ordinario
4. ¿Se puede ser santo en medio del mundo, con familia y trabajo?
Sí; ese es el camino de la mayoría. Jesús pasó casi toda su vida trabajando en Nazaret, mostrando que «el quehacer corriente y ordinario tiene un sentido divino» (Encarnación). El trabajo, la vida familiar y los deberes de cada día son el material de la santidad, no un obstáculo.
5. ¿Cómo se «santifica» lo que hago cada día?
Haciéndolo bien, por amor a Dios y como servicio a los demás. Un trabajo hecho con esmero y ofrecido, una tarea doméstica realizada con cariño, un rato de descanso vivido con rectitud… todo puede convertirse en oración y en camino hacia Dios cuando se hace con amor.
6. ¿Ser santo es dejar de ser normal o simpático?
Al contrario. La santidad no deforma lo humano: lo perfecciona. Un santo es más humano, no menos: más alegre, más servicial, mejor amigo, mejor trabajador. La Virgen María muestra que una vida entregada a Dios, lejos de ser aburrida, es una aventura llena de luz.
C. El camino de cada día
7. ¿Qué medios ayudan a crecer en santidad?
Los mismos de siempre: la oración, los sacramentos —sobre todo la Eucaristía y la Confesión—, la lucha por vivir las virtudes, el trato con Dios a lo largo de la jornada y el servicio a los demás. La santidad se construye con pequeñas fidelidades repetidas, no con grandes gestos aislados.
8. ¿Y si me caigo una y otra vez?
La santidad no es no caer nunca, sino levantarse siempre. Los santos no fueron personas sin defectos, sino personas que confiaron en la misericordia de Dios y volvieron a empezar cuantas veces hizo falta. La humildad de reconocer los propios fallos abre la puerta a la gracia.
9. ¿Para qué sirven los santos?
Son ejemplo y ayuda: muestran que la santidad es posible en toda época y condición, e interceden por nosotros desde el cielo (comunión de los santos). Cada uno con su estilo, nos animan a recorrer el mismo camino con nuestra propia vida.