Espiritualidad
La Redención: pasión, muerte y resurrección de Cristo
A. La cruz de Cristo
1. ¿Por qué murió Jesús en la cruz?
Históricamente, porque las autoridades judías lo condenaron por declararse Mesías e Hijo de Dios y lo entregaron al poder romano. Pero, más hondamente, Jesús aceptó libremente esa muerte injusta por amor al Padre y a nosotros. Él mismo lo dijo: «nadie me quita la vida; yo la doy voluntariamente». No murió por casualidad ni por fracaso: se entregó.
2. ¿Qué significa que Jesús «cargó con nuestros pecados»?
En la injusticia que sufrió estaban contenidas, de algún modo, todas las injusticias y pecados de los hombres. Él las asumió y, en lugar de responder con odio, respondió con un amor y un perdón tan grandes que vencieron al mal. «En sus llagas hemos sido curados».
3. ¿Cómo puede una muerte cancelar los pecados?
Piénsalo como un antídoto. El pecado es un veneno que destruye por dentro. En la cruz brota un amor tan puro, precisamente frente a la ofensa, que neutraliza ese veneno. Ese amor sacrificado de Cristo es capaz de vencer el pecado y devolvernos la vida.
4. ¿Es la cruz obra solo de Jesús o de toda la Trinidad?
De toda la Trinidad: el Padre entrega a su Hijo para reconciliarnos consigo, el Hijo se ofrece libremente por amor, y esa ofrenda se realiza en el Espíritu Santo. La cruz no es un Padre cruel castigando a un inocente, sino Dios entero volcado en salvarnos.
B. La resurrección
5. ¿Qué celebramos en la resurrección de Cristo?
Que al tercer día Jesús volvió a la vida. No como Lázaro, que volvió a esta vida y años después murió: Jesús resucitó a una vida nueva y gloriosa que ya no muere. Su cuerpo es el mismo que fue crucificado —conserva las llagas— pero transfigurado por la vida de Dios (resurrección de los muertos).
6. ¿Cómo sabemos que resucitó de verdad?
Por dos hechos que hay que explicar de algún modo:
- el sepulcro amaneció vacío, y nadie presentó jamás el cuerpo, que habría zanjado la cuestión.
- los apóstoles y grupos enteros de discípulos, hombres y mujeres, aseguraron haberlo visto, comido con Él y tocado.
7. ¿Qué relación hay entre la cruz y la resurrección?
Forman un solo misterio, el «misterio pascual». Por la cruz, Dios eliminó el pecado; por la resurrección, inauguró la vida nueva y la puso a nuestra disposición. Una sin la otra no se entiende: la Pascua es paso de la muerte a la vida.
C. Qué cambia en mi vida
8. ¿La redención me alcanza a mí automáticamente?
No. Cristo ganó la salvación para todos, pero pide nuestra libertad. El «antídoto» de la cruz se nos aplica por los sacramentos: el Bautismo nos incorpora a Él, la Confesión nos limpia, la Eucaristía nos fortalece.
9. ¿Sirve para algo unir mis sufrimientos a los de Cristo?
Sí. El dolor ofrecido con amor, unido a la cruz, deja de ser estéril y se hace redentor. Una enfermedad, un disgusto, un trabajo pesado, pueden convertirse en moneda valiosa para uno mismo y para otros. No se trata de buscar el sufrimiento, sino de que, cuando llega —y llega—, no se desperdicie.
10. ¿Cómo se vive «resucitado con Cristo» en lo cotidiano?