VirtudesEspiritualidad
La Esperanza
A. Qué es la esperanza cristiana
1. ¿Qué es la esperanza?
2. ¿En qué se diferencia del optimismo?
El optimismo es una actitud humana —confiar en que las cosas saldrán bien— y depende del carácter o las circunstancias. La esperanza cristiana no se apoya en que todo vaya bien, sino en Dios y sus promesas. Por eso puede mantenerse incluso cuando, humanamente, no hay motivos para el optimismo.
3. ¿Qué esperamos exactamente?
La bienaventuranza: vivir para siempre con Dios (cielo). La esperanza pone ese bien como el objeto último de nuestros deseos y ayuda a dar a todo lo demás —trabajo, salud, bienes— su verdadero valor, en relación con ese fin.
B. Esperar en medio de las dificultades
4. ¿Cómo se puede esperar en el sufrimiento?
Porque la esperanza no niega el dolor ni la gravedad del mal: cuenta con la Providencia de un Dios que saca bien del mal y que nunca abandona. Lo vemos en la cruz: de la mayor injusticia brotó la salvación (Redención). El cristiano espera «contra toda esperanza».
5. ¿Qué actitudes destruyen la esperanza?
Dos, opuestas entre sí:
- la desesperación: desanimarse ante los propios pecados o las pruebas, como si Dios no pudiera o no quisiera salvarnos.
- la presunción: creer que uno se salva por sus solas fuerzas, o que su salvación está asegurada sin poner los medios.
6. ¿Tiene que ver la esperanza con la confianza en el perdón?
Mucho. Esperar incluye confiar en que Dios perdonará siempre a quien se arrepiente (misericordia de Dios) y dará fuerza para superar las pruebas. Por eso el que espera no vive angustiado por sus caídas: se levanta y vuelve a empezar (Confesión).
C. Vivir de esperanza
7. ¿Cómo se alimenta la esperanza?
Con la oración, los sacramentos y las obras de caridad. Ayuda también recordar las promesas de Cristo, mirar el ejemplo de los santos y cultivar la filiación divina: saberse hijo de un Padre que cuida de mí sostiene la confianza.
8. ¿La esperanza en el cielo distrae de la vida presente?
No; al contrario. Quien espera de verdad la vida eterna trabaja mejor el presente, porque da a las cosas su valor y no se hunde ante los fracasos. La esperanza no es evasión, sino energía para «caminar con garbo» hacia Dios santificando el mundo (trabajo).
9. ¿Cómo transmitir esperanza a quien está triste o cansado?
Con cercanía y sin discursos vacíos: escuchando, acompañando y ayudando a levantar la mirada. A veces basta recordar, con hechos más que con palabras, que nadie está solo y que Dios no falla. La esperanza se contagia más con una vida serena que con razonamientos.