Todos caemos. Lo que marca la diferencia es lo que haces después.
Después de fallar en algo serio, hay dos caminos. Uno es quedarte a solas con la culpa, darle vueltas y convencerte de que ya no tienes arreglo. El otro es dejarte mirar y volver a empezar.
Pedro y Judas le fallaron a Jesús la misma noche. La diferencia no estuvo en el tamaño de la traición, sino en lo que hicieron después: uno se hundió en su culpa; el otro lloró y volvió.
Todos caemos. Lo decisivo es no convertir la caída en el final y volver cuanto antes a quien puede levantarte: pedir perdón, confesarte, empezar de nuevo sin esperar a sentirte digno.
Idea clave
Caer le pasa a todo el mundo; lo decisivo es volver a quien puede levantarte.
Tu reto para esta idea
Si hoy fallas en algo, no te quedes dándole vueltas a solas: pide perdón y vuelve a empezar enseguida.