No existe la papeleta neutral.
Solemos separar la fe de la política: lo de rezar por un lado, lo de votar por otro. Pero no existe la papeleta neutral. Cuando decides a quién apoyas, eliges qué defiendes: qué visión de la persona, de la vida, de la familia, del más débil. Eso también es una decisión moral.
No se trata de que la Iglesia te diga a quién votar; eso es cosa tuya, con tu libertad y tu criterio. Se trata de no dejar la conciencia en casa al participar: informarte, sopesar qué está de verdad en juego y no votar solo por interés propio o por inercia.
Pasar de la vida pública también es una postura, y no la más responsable. Implicarte en serio —votar, opinar, colaborar— es una manera concreta de querer el bien común.
Idea clave
Participar en la vida pública, empezando por el voto, es también una responsabilidad moral.
Tu reto para esta idea
Ante una decisión cívica (un voto, una firma, una opinión), pregúntate qué bien común defiende, no solo qué te conviene.