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Emociones

Una alabanza no siempre te conoce

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Que te admiren sienta bien, pero no dice toda la verdad sobre ti.

Un elogio puede reconocer un trabajo bien hecho y darte ánimo para seguir. Pero también puede nacer de una impresión rápida, de un interés o de una imagen tuya que no coincide con lo que pasa por dentro. Recibirlo bien es alegrarte sin agarrarte a él. Das las gracias, recuerdas quién te ayudó y sabes que una cualidad concreta no resume toda tu persona. Tampoco hace falta quitarte mérito para parecer humilde. El problema empieza cuando te pones a proteger la versión de ti que los demás aplauden: escondes tus límites y eliges pensando en el aplauso. Disfruta el reconocimiento, pero vuelve a la pregunta de fondo: ¿lo que hago es verdad y le hace bien a alguien?

Idea clave

Disfruta de un elogio, pero no dejes que decida quién eres ni lo que haces.

Tu reto para esta idea

La próxima vez que te elogien, agradece sin quitar importancia y recuerda en silencio a una persona que hizo posible ese resultado.

BASADO EN

Dignidad humana →