Si dejas de contemplar a Cristo, puedes seguir hablando de Él mientras pierdes poco a poco su manera de mirar.
Una misión intensa produce tareas, mensajes y encuentros. La urgencia hace parecer que rezar resta tiempo precisamente a las personas que quieres servir.
Sin contemplación, sin embargo, el anuncio puede convertirse en estrategia, activismo o repetición. Mirar a Cristo en el Evangelio renueva el asombro, purifica motivos y recuerda que transmites un bien que primero has recibido.
La oración no garantiza resultados ni sustituye preparación y trabajo. Cambia la fuente desde la que los realizas. También lleva nombres concretos ante Dios y permite regresar a ellos con más paciencia. El apóstol no reza para escapar de la misión, sino para que su palabra conserve el tono, la esperanza y la verdad de Aquel a quien anuncia.
Idea clave
La misión cristiana necesita alimentarse de la contemplación para transmitir una experiencia recibida y conservar el modo de mirar de Cristo.
Tu reto para esta idea
Antes de tu próxima acción de servicio o testimonio, contempla diez minutos una escena del Evangelio y elige un gesto de Cristo que quieras imitar.