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Disciplina

Tu deseo de Dios también se educa

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Desear mucho no significa exigirlo todo ahora y a tu manera.

Imelda, Gerardo y otros santos jóvenes deseaban intensamente comulgar cuando la disciplina de su época todavía se lo impedía. Sus relatos celebran ese deseo, pero también muestran espera, preparación y una vida orientada al encuentro. Un deseo espiritual puede ser verdadero y, al mismo tiempo, necesitar educación. La impaciencia quiere saltarse procesos; el amor maduro aprende, pregunta y se prepara para recibir bien lo que espera. Esto vale para sacramentos, vocación y decisiones importantes. No apagues el deseo, pero tampoco lo conviertas en derecho inmediato. Déjalo crecer con formación, paciencia y fidelidad en lo que hoy sí te corresponde.

Idea clave

Un deseo bueno madura cuando acepta preparación, tiempo y una forma justa de recibir.

Tu reto para esta idea

Elige algo bueno que deseas y concreta hoy un paso de preparación en vez de exigir un resultado inmediato.

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Comuniones prodigiosas →