Comuniones prodigiosas
Santa Giuliana Falconieri
Santa Giuliana Falconieri se distinguió siempre por ser una gran devota de la Eucaristía. En los últimos días de su vida, habiéndose empeorado la enfermedad al estómago, no podía ya recibir la Comunión. Antes de su muerte, en 1341, pidió una Hostia consagrada, la cual apoyó sobre su pecho. Mientras recitaba una oración, la Hostia desapareció dejando en cambio una huella de color morado, como si se hubiera impreso. Fue beatificada en 1678 y canonizada en 1737.

Beata Imelda Lambertini
La Beata Imelda Lambertini, desde muy temprana edad, demostró un gran amor por Jesús Eucaristía. Pero el capellán le recordaba siempre que la Santa Comunión sólo podía ser recibida a partir de los 14 años. El 12 de mayo de 1333, vigilia de la Ascensión, la niña fue a la Misa y se presentó para recibir la Santa Comunión. El sacerdote la ignoró completamente, pero el Señor quiso conceder a la pequeña Imelda su deseo. Es así que una radiante Hostia se alzó en vuelo hasta llegar delante de ella. Cuando recibió el Cuerpo de Cristo, su cándida alma voló en el instante al Cielo. La Beata Imelda es la Patrona de las Primeras Comuniones.
Santa Lucía Filippini
Un día, Santa Lucía Filippini, partió hacia Pitigliano, cerca de Grosseto, para inspeccionar la escuela artesanal, fundada por ella misma. En el camino, se detuvo en la iglesia de los padres franciscanos para asistir a la Santa Misa. Era tan grande el deseo de recibir a Jesús Eucaristía que el Señor la quiso premiar con un Milagro.
Cuando el sacerdote fraccionaba la Hostia Magna el pequeño pedazo que era destinado a ser sumergido en el cáliz, escapó de sus manos y voló radiante hasta posarse sobre la lengua de la futura Santa. Actualmente el Santuario donde sucedió el Milagro es custodiado por las Madres Pías Filipinas.
Beata Emilia Bicchieri
La Beata Emilia Bicchieri fundó la Tercera Orden Regular Dominica. Nutrió siempre un grandísimo amor por el Santísimo Sacramento. Un día, mientras se ocupaba de una hermana que estaba muy enferma, perdió la noción del tiempo hasta el punto de que la Santa Misa había concluído ya. No pudiendo comulgar, se lamentó ante el Señor porque no lo había recibido. En ese momento, un Ángel se le apareció milagrosamente y le dio la Comunión.
Beato Tomás de Cori
El Beato Tomás de Cori (1655 – 1729) entró en la Orden de los Frailes Menores Franciscanos a la edad de 22 años. Vivió en el convento de la Santísima Trinidad de Orvieto y asumió el nombre de Fray Tomás. Su apostolado se distinguió por la práctica ejemplar de las virtudes cristianas. Más de una vez, durante la Misa, se le aparecía el Niño Jesús.
Santa María Francisca de las Cinco Llagas
Santa María Francisca de las Cinco Llagas pasó los últimos años de su vida postrada en el lecho a causa de una enfermedad muy grave, la cual le impedía participar de la Santa Misa. Repetidamente, algunos sacerdotes, entre ellos el Padre Bianchi, vieron que durante la Misa desaparecía un pedazo de la Hostia Magna y un poco de vino consagrado. Era el Ángel de la Santa que le llevaba la Comunión.
San Gerardo Maiella
En los tiempos de San Gerardo Maiella, se era aún demasiado pequeño para recibir la Eucaristía a la edad de ocho años. Sin embargo, el Santo no lograba aceptarlo y lloraba desolado por esta situación. Sus llantos conmovieron al Cielo porque una noche San Miguel se le acercó y le dio una Hostia blanca, igual a aquélla que el sacerdote le había impedido recibir. Luego, desapareció. Al día siguiente, feliz y triunfante, Gerardo confesó cándidamente: “el sacerdote me ha negado la Comunión, pero esta noche el Arcángel San Miguel me la ha traído”.
Beato Giacomo de Montieri
El Beato Giacomo de Montieri, vivió por períodos prolongados alimentándose únicamente de la Eucaristía. En varias ocasiones, Jesús mismo le daba la comunión. Un pintor de inicios del seiscientos plasmó en una armoniosa pintura la imagen de Jesús que ofrece la Comunión al Beato Giacomo.
San Bernardo
San Bernardo exorcizó a una mujer con el Santísimo Sacramento. La escena se conserva representada en el Museo Hiéron.
San Buenaventura
San Buenaventura recibió la Comunión de manos de un Ángel. La escena se conserva representada en el Museo Hiéron.
San Segundo
San Segundo, antes de morir, recibió la Santa Comunión de una paloma. La escena se conserva representada en el Museo Hiéron.
San Jerónimo
La exposición recoge una de las Comuniones milagrosas de San Jerónimo, escena que el arte cristiano ha representado en numerosas ocasiones: el Santo, anciano y a punto de morir, recibe el Viático que tanto había deseado.
Santa Inés Segni
Durante la estadía en Proceno, la dominica, Santa Inés Segni, iba a veces al huerto del monasterio para rezar en soledad bajo un árbol de olivo. Un domingo, al despuntar el alba, permaneció inmersa en la oración, sin darse cuenta del tiempo transcurrido. Sólo después se acordó que era día festivo y que debía escuchar la Santa Misa en el coro. Pero un Ángel del Señor se acercó llevando consigo la Hostia inmaculada para darle la Comunión. Este hecho se repitió sucesivamente.

Santa Clara de Montefalco
El biógrafo de Santa Clara de Montefalco testimonió en los actos del proceso de canonización que “un día, Clara se acercó a la Comunión sin la capa. La hermana Giovanna le llamó duramente la atención, diciéndole: “vete, no quiero que comulgues”. Escuchando estas palabras, Clara se dio cuenta que estaba sin la capa y sintió un grandísimo dolor. Regresando a su celda, lloró amargamente. Y mientras estaba bañada en lágrimas y rezando, Cristo se apareció ante ella y luego de darle un beso, le dio la Comunión, dejándola profundamente consolada”.
Beata Angela de Foligno
La Beata Angela de Foligno narró que
una vez vio a Cristo en la Hostia, con el rostro joven pero también, grande y majestuoso, parecido a un rey. Parecía que, sentado en el trono, tuviese en la mano algo que fuese como un signo de mandato […]. Entonces, cuando los otros se pusieron de rodillas, yo no lo hice; no sé bien si corrí hacia el altar o si no me pude mover por el gusto y la contemplación. Probé, luego, una gran tristeza porque el sacerdote depuso demasiado rápido la Hostia sobre el altar.
Santa Francesca Romana
Santa Francesca Romana aparece representada junto a algunas hermanas, en admiración extática ante la Custodia que irradiaba luz. La pintura es obra de Pordenone y se conserva en el Museo Cívico de Arte.
San Gregorio Magno
En una de las Misas milagrosas de San Gregorio Magno apareció Cristo crucificado. La escena se conserva en el Museo Diocesano de Trier.
Santa Teresa de Ávila
La gran mística Teresa de Ávila gozaba de frecuentes visiones celestiales durante la Santa Misa. La exposición la recuerda entre los santos a quienes el Señor concedió contemplar, en el momento de la Comunión, aquello que la fe enseña que está realmente presente bajo las especies del pan y del vino.
Fuente
Texto y fotografías: exposición internacional «Los Milagros Eucarísticos en el mundo», de san Carlo Acutis. Ficha original en miracolieucaristici.org.