Es Dios en ti, y muchas veces el gran desconocido.
Rezamos al Padre y a Jesús con naturalidad, pero al Espíritu Santo casi ni le hablamos. Y sin embargo es Dios que vive en tu interior, el que te hace capaz de rezar, de querer el bien, de reconocer a Cristo.
Tratarle es sencillo: hablarle como a alguien cercano, pedirle ayuda, agradecerle. No necesitas fórmulas raras. Basta acordarte de que está ahí, dentro, y contar con Él a lo largo del día.
Cuando empiezas a tratarle, muchas cosas cambian de color: rezas con más hondura, entiendes mejor, quieres más. Deja de ser un desconocido para convertirse en el mejor de los compañeros.
Idea clave
El Espíritu Santo es Dios que vive en ti y con quien puedes tratar cada día.
Tu reto para esta idea
Hoy dile al Espíritu Santo, con tus palabras, algo tan simple como: «ayúdame, ilumíname, quédate conmigo».