Si tu fe te vuelve distante, quizá no está tocando todavía todo tu corazón.
San Josemaría hablaba de vivir con la cabeza en el cielo y los pies en la tierra. Jesús, modelo de santidad, no fue una persona fría ni desconectada: prestó atención, recibió a la gente y valoró gestos humanos de cariño.
A veces confundimos vida espiritual con hablar raro, despreciar lo cotidiano o parecer siempre solemnes.
Pero la gracia no borra tu humanidad; la sana y la hace más capaz de amistad, humor, trabajo y ternura. La prueba aparece en el trato. Rezar debería ayudarte a escuchar mejor, pedir perdón antes y estar más presente. Cuanto más cerca de Dios, más plenamente humano estás llamado a ser.
Idea clave
La santidad perfecciona tu humanidad; no la reemplaza por una apariencia religiosa.
Tu reto para esta idea
Haz hoy un gesto muy humano de cercanía: escuchar, sonreír, agradecer o pedir perdón sin discurso religioso.