En el fondo sospechas que portarte bien es renunciar a divertirte. No es así.
Hay una idea muy metida: que la gente buena es sosa, que ser santo es vivir a media luz, sin color, renunciando a todo lo divertido. Como si el mal fuera emocionante y el bien un aburrimiento con normas.
La realidad es la contraria. Mira a las personas de verdad buenas que conozcas: no son grises ni amargadas, suelen tener una alegría honda y una libertad que a otros les falta. Quien hace el mal acaba esclavo de sus caprichos; quien vive el bien es dueño de sí y disfruta más, no menos.
Ser bueno no es apagarse, es encenderse. No quita la aventura: se la juega en algo que merece la pena. El aburrimiento no está en la virtud, está en dar vueltas siempre alrededor de uno mismo.
Idea clave
La bondad no apaga la vida: la llena; quien hace el mal acaba más esclavo y más vacío.
Tu reto para esta idea
Piensa en la persona más buena que conoces. ¿Es aburrida… o tiene algo que a ti te falta? Imítala hoy en un detalle.