Ilusión y miedo, cariño y enfado: a veces llegan juntos.
Te ofrecen un trabajo fuera y sientes ilusión, miedo y pena por dejar a los tuyos, todo a la vez. O quieres mucho a alguien y al mismo tiempo estás enfadado con él. Esa mezcla no significa que seas falso ni que no sepas lo que quieres. Es lo normal en una persona de carne y hueso.
Ordenarte por dentro no consiste en acallar todo lo que sientes para que decida solo la cabeza fría. Cada sentimiento suele avisar de algo verdadero: el miedo, de un riesgo; la pena, de algo que quieres; el cansancio, de que necesitas parar.
A veces uno de ellos tendrá que ceder, pero no hace falta despreciarlo. El miedo puede avisarte sin decidir por ti; el cansancio puede pedirte descanso sin anular una promesa. Se trata de escucharlos a todos y elegir lo que de verdad es bueno.
Idea clave
No hace falta callar lo que sientes para decidir bien: escúchalo y ordénalo.
Tu reto para esta idea
Ante una decisión pendiente, nombra todo lo que sientes, también lo que no te gusta, antes de decidir.