El bautismo borra el pecado original, pero no te convierte en alguien que ya no puede fallar.
Si el bautismo borra el pecado, ¿por qué sigo cayendo en lo mismo? Es una pregunta frecuente, y a veces viene con cierta decepción.
El bautismo hace algo enorme: borra el pecado original, te da la gracia y te hace hijo de Dios. Pero no quita todas las heridas. Quedan la debilidad y una inclinación al mal, ya no como esclavitud, sino como terreno de lucha.
Es como alguien que sale del hospital curado, pero con una pierna que aún tiene que fortalecer. Está sano, pero necesita rehabilitación. Para eso están la confesión, la Eucaristía y el esfuerzo de cada día. Que sigas luchando no significa que el bautismo no funcionara: significa que sigues en camino.
Idea clave
El bautismo te hace hijo de Dios, pero la lucha contra el mal dura toda la vida.
Tu reto para esta idea
Ante un fallo de hoy, en vez de desanimarte, pide perdón y recuerda que eres hijo de Dios.