Lo que toca al amor y al cuerpo toca a la persona entera.
La Iglesia no habla de sexualidad por obsesión, sino porque ahí se juegan bienes muy grandes: amor, cuerpo, fidelidad, vida, hijos y dignidad.
Separar el sexo de su sentido puede acabar convirtiendo a las personas en medios de placer. La moral cristiana no desprecia el cuerpo ni el amor; los protege para que no se rebajen.
No ayuda cerrar esta pregunta con una frase rápida. Si aparece, puede ser una buena ocasión para formar mejor la fe, pedir consejo y pensar con más calma. La Iglesia no teme las preguntas honestas; lo que empobrece es no querer buscar de verdad.
Idea clave
La sexualidad importa porque implica a la persona entera.
Tu reto para esta idea
Pregúntate si tus decisiones afectivas tratan al otro como persona o como medio.