La fe se tuerce cuando Dios deja de ser alguien y se vuelve herramienta.
Rezas mucho para que esa persona se fije en ti, para que te den el trabajo o para que tu equipo gane. Y si no sale, te enfadas con Dios como con una máquina que se ha tragado la moneda.
Es una tentación antigua y muy actual: tratar a Dios como una fuerza que se puede manejar. Se nota en detalles: rezar para controlar a otra persona, prometerle algo a Dios como quien cierra un negocio o enfadarte porque no ha seguido tu guion.
La oración cristiana pide con confianza, pero no obliga. Presenta lo que deseas y deja sitio a una respuesta que quizá te corrija. Dios no es una herramienta para tus planes: es alguien con quien aprendes a vivir.
Idea clave
Rezar es entrar en relación con Dios, no aprender a manejarlo.
Tu reto para esta idea
Reformula hoy una petición añadiendo con sinceridad: «y enséñame también a aceptar tu camino».