Italia, milagros eucarísticos
Alatri, 1228
El testimonio más acreditado de este Milagro se encuentra en la Bula Fraternitas tuae, escrita por el Papa Gregorio IX (13 de marzo de 1228) en respuesta al Obispo de Alatri, Juan V. El texto dice así:
Catedral de San Pablo en Alatri
Gregorio Obispo, Siervo de los siervos de Dios al Venerable Hermano Obispo de Alatri, salud y bendición Apostólica. Hemos recibido su carta, hermano queridísimo, en la cual nos informaba de cómo una cierta joven, sugerida por el pésimo consejo de una maléfica mujer, después de haber recibido del sacerdote el Cuerpo sagrado de Cristo, lo mantuvo en la boca hasta el momento en el que encontrando una ocasión favorable, lo pudo esconder en una tela en la que, después de tres días, encontró el mismo Cuerpo de Cristo que había recibido en forma de pan, pero esta vez, transformado en carne, como hasta el momento se puede constatar con los propios ojos. Siendo que tanto la una como la otra mujer te han revelado todo esto con humildad, deseas nuestro parecer a cerca del castigo por inflingir a las culpables.
En primer lugar, debemos dar gracias con todas nuestras fuerzas a Aquél que, aún obrando todo en modo maravilloso, sin embargo, en algunas ocasiones repite milagros y suscita nuevos prodigios para que, fortaleciendo la fe en la verdad de la Iglesia Católica, sosteniendo la esperanza, volviendo a encender la caridad, llamando a los pecadores, convierta a los pérfidos y confunda la maldad de los herejes. Por lo tanto, hermano queridísimo, por medio de esta carta apostólica, disponemos que tú inflijas un castigo más suave a la joven, ya que consideramos hayan realizado tal delito más por debilidad que por maldad, especialmente porque debemos creer que se haya suficientemente arrepentido en el confesar el pecado.
En cuanto a la instigadora, que con su perversión empujó la consumación del sacrilegio, después de haberle aplicado las medidas disciplinarias que creemos oportuno confiarlas a tu criterio, impón que, visitando a los Obispos más cercanos, confiese humildemente su reato, implorando, con devota sumisión, el perdón.
El Sumo Pontífice interpretó el episodio como un signo contra la difusión de las herejías que atacaban la verdad de la presencia real de Jesús en la Eucaristía y otorgó el perdón a las dos mujeres arrepentidas. En ocasión al 750° aniversario se acuñó una medalla conmemorativa que representa en una cara la fachada de la Catedral, teniendo en la parte superior el relicario de la Hostia Encarnada; en la otra cara, la figura del busto del Papa Gregorio IX con la Bula Pontificia. En 1978 se celebró solemnemente el 750° aniversario del Prodigio. En ocasión de la fiesta se acuñó una medalla que presenta en la parte anterior la imagen del Papa Gregorio IX con la Bula, y en la posterior, la fachada de la Catedral con la Hostia
Asti, 1535
El 25 de julio de 1535, mientras el piadoso sacerdote, Domingo Occelli, celebraba la Santa Misa de las 7 de la mañana en el altar mayor de la iglesia de San Segundo, en el momento de la fracción de la Hostia vio que a lo largo de la fractura salía Sangre viva. Tres gotas cayeron en el cáliz y una cuarta permaneció en la extremidad de la Hostia. Inicialmente el Padre Domingo continuó la celebración de la Misa. Cuando separó la parte de la Hostia que debía poner en el cáliz vio que salía más Sangre.
Colegio de San Segundo, Asti
Estupefacto, se dirigió a los presentes y los invitó a acercarse al altar para ver el Prodigio. Cuando el Sacerdote tomó la Hostia para consumarla, ésta tornó a su aspecto de natural candor.
Éste fue el desarrollo de los hechos según la traducción del informe oficial, enviado al Obispo de Asti, Mons. Escipión Roero, a la Santa Sede y reproducida en el Breve Apostólico del 6 de noviembre de 1535, con el cual el Papa Pablo III concedió la indulgencia plenaria a cuantos “en el día conmemorativo del Milagro visitaran la iglesia del Santo y recitaran tres Pater ed Ave según la intención del Pontífice”. Según otro documento, reproducido en una inscripción en mármol, algunos soldados herejes se convirtieron a la fe ante la vista del Milagro.
En aquellos tiempos, Asti se encontraba bajo la dominio del emperador Carlos V y muchas de sus tropas residían en esa ciudad. Esta narración, además de los archivos vaticanos de donde fue extraída una copia en 1884 por instancias del Canónigo Longo, se encuentra también presente en el libro de la Compañía del SS. Sacramento, instituida en 1519 en la iglesia de San Segundo.
Otros testimonios del Prodigio son las pinturas presentes en la capilla del Crucifijo del siglo XVI, con la representación del Milagro y la inscripción en mármol: « Hic ubi Christus Ex sacro pane Effuso sanguino Exteram vi traxit fìdem Astensem roboravit – Aquí, Cristo del Sagrado Pan, habiendo derramado Sangre, atrajo con fuerza a los alejados en la fe y confirmó aquella de los habitantes de Asti». 1718 En la mañana del 10 de mayo de 1718 el sacerdote Francisco Scotto se dirigió a la Obra Milliavacca para celebrar la Santa Misa.
Eran aproximadamente las ocho. La iglesia del instituto estaba dividida en dos partes: la posterior estaba reservada a las alumnas y la anterior para todo el resto. En ese lado, es decir, delante del altar, se encontraba el notario Escipión Alessandro Ambrosio, canciller episcopal y tesorero del instituto, y en el altar servía un sobrino del sacerdote. En el momento de la elevación de la Hostia, el Doctor Ambrosio se dio cuenta que la Hostia estaba rota en dos partes.
Apenas fue elevado el cáliz, el hombre, convencido de que una hostia fraccionada no fuese ya válida, se acercó al altar con la intención de advertir al sacerdote y luego ir a la sacristía para cambiarla por otra. Pero el celebrante había ya elevado la Hostia cuando la encontró efectivamente dividida en dos partes. Para su inmenso estupor, vio que de la fisura aparecía un bermejo de Sangre que luego, llegó a derramarse al pie del cáliz y la píside. Algunas gotas cayeron también en el mismo corporal.
Ambrosio, cuando llegó con la hostia nueva se dio cuenta que la Hostia sangraba; entonces comenzó a llorar. Todos los presentes pudieron ver el Milagro. El notario corrió para llamar al canónigo Argenta, confesor del instituto, al teólogo Vaglio y al penitenciario Ferrero, quienes fueron testigos en primera persona del Prodigio. Contemporáneamente, llegaron también otros sacerdotes y tres médicos de la ciudad: los doctores Argenta, Volpini y Vercellone, quienes dieron testimonio bajo juramento que aquellas manchas rojas eran verdadera sangre.
Entre los presentes, alguno tuvo la duda porque quizás aquella sangre provenía de la nariz o la boca del sacerdote, pero gracias a algunos cirujanos allí presentes, luego de una detallada observación, descartaron toda duda. Luego de la intervención del provicario, del secretario de la curia y del vicario de la Inquisición, Rev. Bordino, de común acuerdo se redactó un informe del Milagro.
Otra prueba importante de la autenticidad del milagro nos ha llegado gracias a un documento que dice cómo Mons. Felipe Artico, Obispo de Asti, en 1841 mandó que se examinaran el cáliz y la Hostia del Milagro por algunos expertos, quienes confirmaron el origen hemático de las manchas rojas. La Pía Obra de Milliavacca ha conservado celosamente los testimonios del Prodigio: el cáliz con las manchas de Sangre, la Hostia de la celebración que lamentablemente sufrió corrupción y está reducida a un velo, la patena, el corporal y la píside de plata dorada.
Bagno di Romagna, 1412
En Bagno di Romagna, en la Basílica de Santa María Assunta, se conserva la Reliquia del Milagro Eucarístico del “Sagrado Corporal empapado de Sangre”. El historiador Fortunio describe así el Milagro en su importante obra Annales Camaldulenses:
Pintura que representa el Milagro presente en la Basílica
corría el año 1412. La abadía camaldulense de Santa María en Bagno (entonces priorazgo) era gobernada por el Padre Lázaro, de origen véneto. Un día, mientras celebraba el divino Sacrificio, fue ocupada su mente por obra diabólica de una fuerte duda acerca de la presencia real de Jesús en el Santísimo Sacramento. En ese preciso momento, vio que la sagrada especie del vino empezaba a hervir y a derramarse fuera del cáliz hasta llegar al corporal en forma de sangre viva y palpitante, empapándolo completamente. No existen palabras para decir cuán fuerte fuese la conmoción y la turbación que en ese instante el sacerdote tuvo frente a un hecho de tal magnitud. En lágrimas se dirigió a los presentes, confesando su incredulidad y exponiendo el Prodigio que se había realizado bajo su mirada.
Poco después, el monje Lázaro se trasladó a Boloña como capellán del monasterio femenino camaldulense de Santa Cristina, donde murió en 1416. Los camaldulenses, luego de varios acontecimientos, mantuvieron el gobierno de la Pieve di Bagno hasta la supresión napoleónica del 1808. Desde entonces la Parroquia-Basílica de Santa María Asunta, después de pertenecer por un breve período a la diócesis de Sansepolcro, en 1975 pasó a ser parte definitivamente de la diócesis de Cesena.
En 1912, el Cardenal Julio Boschi, Arzobispo de Ferrara, celebró el quinto centenario del Milagro convocando también un simposio sobre estudios eucarísticos. En 1958, S.E. Domingo Bornigia, mandó realizar un análisis químico de las manchas del Corporal del Milagro en la Universidad de Florencia. Fue confirmada el origen hemático. En la Basílica, precisamente en la tercera capilla hacia la izquierda, se encuentra un rarísimo grabado a colores y de madera del 1400, llamado “La Virgen de la sangre”.
Esta imagen fue llamada así porque como cuenta don Benedicto Tenaci, abad de Bagno y testimonio ocular del Prodigio, el 20 de mayo de 1498, el ícono derramó sangre del brazo izquierdo. Cada año, durante la fiesta del Corpus Domini, el Corporal es llevado en procesión por las calles de la ciudad y es expuesto todos los domingos de la estación termal (de marzo a noviembre), en la Misa celebrada a las once de la mañana.
Bolsena, 1264
Las modernas investigaciones históricas confirman los más antiguos testimonios acerca del Milagro sucedido en el verano de 1264. Un sacerdote de Boemia, Pedro de Praga, se dirigió a Italia con el fin de obtener una audiencia con el Papa Urbano IV, quien durante el verano se había trasladado a Orvieto, junto con sus cardenales y numerosos teólogos, entre ellos Santo Tomás de Aquino.
Detalle de la Misa de Bolsena. Rafaello (1513). Museos Vaticanos
Pedro de Praga, luego de haber sido recibido por el Papa, emprendió el camino de regreso hacia Boemia, pero en el camino se detuvo en Bolsena, donde celebró la Misa en la iglesia de Santa Cristina. En el momento de la consagración, mientras el sacerdote pronunciaba las palabras que permiten la transubstanciación, sucedió el milagro, descrito así en una placa de mármol:
de pronto, aquella Hostia apareció visiblemente como verdadera carne de la cual se derramaba roja sangre excepto aquella fracción, que la tenía entre sus dedos, lo cual no se crea sucediese sin misterio alguno, puesto que era para que fuese claro a todos que aquella era verdaderamente la Hostia que estaba en las manos del mismo sacerdote celebrante cuando fue elevada sobre el cáliz.
Gracias a este milagro, el Señor fortificó la fe de Pedro de Praga, sacerdote de grandísima piedad y moral, pero que lamentablemente dudaba de la real presencia de Cristo velado en las Especies, es decir, en las apariencias sensibles del pan y del vino. La noticia del Milagro se difundió inmediatamente, y tanto el Papa como Santo Tomás de Aquino pudieron verificar el milagro.
Luego de un atento examen, Urbano IV no sólo aprobó su autenticidad, sino también decidió que el Santísimo Cuerpo del Señor fuese adorado a través de una fiesta particular y exclusiva. Es así que decidió extender la fiesta del Corpus Domini, hasta ese momento únicamente fiesta de la diócesis de Liegi, a toda la Iglesia Universal. El Papa encargó a Santo Tomás la creación de la liturgia que acompañaría la Bula Transiturus de hoc mundo ad Patrem. En ella, se exponen las razones de la importancia de la Eucaristía, es decir, la presencia real de Cristo en la Hostia.
Canosio, 1630
Canosio es un pequeño pueblo del valle de Maira, en la diócesis de Saluzzo. En 1630, la población había perdido el fervor de la práctica religiosa a causa de la difusión de la herejía calvinista. Algunos días después de la fiesta del Corpus Domini, el río Maira se desbordó, y el pueblo se salvó haciendo bendecir las aguas con el Santísimo Sacramento. Muchas fueron las conversiones, y los habitantes de Canosio celebran la fiesta en honor al Prodigio en la octava del Corpus Domini.

La inundación fue tan violenta que arrastró consigo enormes rocas, desprendidas de las montañas, que se dirigían hacia el valle y el pueblo. Don Rainardi, párroco del pueblo, convocó con las campanas a todos los ciudadanos para invitarles a pedir al Señor que cesara el desborde. Tomó consigo el Santísimo Sacramento, lo colocó en la custodia y se dirigió en procesión hacia el torrente, acompañado por algunos fieles mientras cantaban el "Miserere". Mientras impartía la bendición, las lluvias cesaron inmediatamente.
Propuso, además, hacer un voto si el pueblo de Canosio se salvaba de las aguas. Este episodio contribuyó a reavivar la fe de la población de Canosio, que hasta hoy sigue cumpliendo el voto prometido. Lamentablemente, muchos de los documentos que describían el Milagro, conservados hasta el siglo XVII en los archivos parroquiales, fueron quemados durante la guerra entre España y Francia. Sin embargo, existe la copia del informe realizado por el párroco, que fue testigo en primera persona de los hechos.
Cascia, 1330
En 1330, en Casia, un campesino gravemente enfermo mandó llamar a un sacerdote. Éste tomó una Hostia consagrada del tabernáculo y la metió sin reverencia alguna dentro del libro de oraciones. Estando en la casa del enfermo, abrió el libro y vio con gran susto que la Hostia se había transformado en un grumo de sangre y las páginas del libro se habían teñido de sangre.

En Casia, en la Basílica dedicada a Santa Rita, se conserva la Reliquia de un insigne Milagro Eucarístico, sucedido cerca de la ciudad de Siena, en 1330. Un sacerdote fue mandado llamar por un campesino enfermo para poder recibir la Comunión. Este, tomó una Partícula consagrada y la depositó sin reverencia entre las páginas de su breviario.
Llegando a la casa del enfermo, después de haber escuchado la confesión, abrió el libro para extraer la Hostia, pero para su gran sorpresa, constató que la Partícula se había teñido de sangre viva, de modo que impregnaba las dos páginas entre las cuales había sido puesta. El sacerdote, entre la confusión y el arrepentimiento, se dirigió inmediatamente a Siena, al Convento agustino para pedir consejo al Padre Simón Fidati de Casia, conocido por todos como un hombre santo.
Este, habiendo escuchado la narración, concedió el perdón al sacerdote y pidió poder tener consigo las dos páginas manchadas de sangre. Muchos Papas han promovido el culto, concediendo indulgencias. En el reconocimiento de la Reliquia del Milagro Eucarístico de Casia, en 1687, se reporta un texto de un Código muy antiguo del convento de San Agustín, con numerosas informaciones acerca del Prodigio. Además de este código, el episodio es también mencionado en los Estatutos Municipales de Casia del año 1387. Entre otras cosas, menciona la prescripción de que
cada año en la fiesta del Corpus Domini, el corregidor, los cónsules y todo el pueblo de Casia, cumplieran con el deber de reunirse en la iglesia de San Agustín para luego seguir al clero que llevaría la venerable Reliquia del sagradísimo Cuerpo de Cristo en procesión por la ciudad.
En 1930, con ocasión del sexto centenario del Milagro, fue celebrado en Casia un Congreso Eucarístico para toda la diócesis de Norcia. Allí mismo se inauguró una preciosa y artística Custodia y se publicó toda la documentación histórica acerca del Prodigio.
Cava dei Tirreni, 1656
La "Fiesta del Castillo", puntualmente revivida desde 1657, recuerda el contagio de la peste en la ciudad de día de la Ascensión. El "mal" Vista del Monte desde donde el Padre bendijo la ciudad Domini, realizada desde el caserío de la SS Anunciación hasta la terraza superior del Monte Castillo. Fuegos artificiales en el aniversario del Milagro, realizados cada año en Cava n Nápoles, en el mes de mayo de 1656, se difundió una terrible epidemia de peste a causa de las invasiones de soldados españoles que provenían de Cerdeña.

La epidemia se difundió velozmente en los pueblos y campos aledaños, llegando así a la pequeña ciudad de Cava dei Tirreni. Fueron miles las víctimas, tanto en la ciudad como por una inspiración divina y desafiando todo peligro, convocó a la población para realizar una procesión reparadora hasta el monte Castillo, situado a pocos kilómetros de distancia. Cuando llegaron a la cima del monte, Don Franco bendijo Cava dei Tirreni con la peste cesó milagrosamente. Aún hoy, cada año en el mes de junio, la población de Cava organiza procesiones solemnes en memoria del Prodigio.
Dronero, 1631 / San Mauro La Bruca, 1969
En 1631, una joven campesina prendió fuego imprudentemente a un poco de paja seca. Esto causó un incendio que ayudado por el n domingo 3 de agosto de 1631, en torno a la hora de las Vísperas, se desencadenó un gran incendio en la pequeña ciudad de Dronero, en el marquesado de Saluzzo. Una joven campesina, imprudentemente encendió fuego a un poco de paja seca en el preciso instante en el dominar el fuego. El padre capuchino, Mauricio de Ceva, fuego, pero todo tentativo resultaba inútil. Mientras tanto las llamas seguían avanzando.

El Padre Eucaristía, tomó la custodia con la Hostia Magna de la iglesia de Santa Brígida y se dirigió hacia el lugar del incendio. Inmediatamente el fuego cesó y el pueblo, conmovido, empezó a alabar a Dios por el Milagro concedido. El Milagro Eucarístico sucedido Vista pa de Drone Dronero ITALIA panorámica onero Capilla de donde fue tomado el SS. Sacramento. La inscripción en mármol describe el Milagro especies eucarísticas.
Organizó velozmente una procesión solemne con el Santísimo Sacramento y seguido por todos los ciudadanos, se dirigió al lugar del incendio. Ante la presencia del Santísimo Sacramento, el fuego dejó de avanzar milagrosamente. Una inscripción en mármol de la iglesita de Santa Brígida en Dronero, describe detalladamente el Milagro. Cada año, en ocasión de la fiesta del Corpus Domini, los ciudadanos de Dronero honran la memoria del Prodigio con una procesión solemne llevando el Santísimo Sacramento. San Mauro la Bruca, acontecido en 1969.
Unos ladrones entraron a la iglesia parroquial y se apoderaron de algunos objetos sagrados, entre ellos la píside con Partículas consagradas. Estos botaron las hostias que a la mañana siguiente se llevaron la píside con numerosas Hostias consagradas. Apenas salieron de la iglesia, botaron las Hostias en un callejón. Al día siguiente, un niño notó que en una esquina del callejón por donde pasaba estaban las Hostias. Después de haberlas recogido, las entregó de inmediato al párroco.
Sólo en 1994, después de 25 años de exhaustivos análisis, Monseñor Biagio D'Agostino, Obispo del Valle de la Lucania, reconoció la Las partículas se mantienen gracias a la experiencia de análisis realizados por científicos, luego de seis meses la harina ácima se
Ferrara, 1171
El 28 de marzo de 1171, el prior de los Canónigos Regulares Portuensi, el Padre Pedro de Verona, estaba celebrando la Misa Pascual, siendo asistido por tres hermanos (Bono, Leonardo y Aimone). En el momento de la fracción, la Hostia consagrada salpicó un flujo de Sangre, llegando a manchar visiblemente la bóveda que estaba sobre el altar. Las historias narran “el sagrado terror del celebrante y la inmensa maravilla del pueblo que desbordaba la iglesita”.
Iglesia de Santa María en Vado, Ferrara
Muchos testimonios afirmaron haber visto que la Hostia asumía el color de la Sangre y que en ella se dejaba ver claramente la figura de un niño. El Obispo Amato de Ferrara y el Arzobispo Gerardo de Ravenna fueron informados del Prodigio, pudiendo constatar ellos mismos la Sangre impregnada en el techo, es decir, “la Sangre que en forma muy viva teñía de rojo la pequeña bóveda del altar”. La iglesia se convirtió muy pronto en meta de peregrinaciones.
Fue restaurada en varias ocasiones y ampliada por orden del duque Hércules I d’Este, a partir del año 1495. Son muchos los testimonios que hablan del Milagro, entre ellos, el más importante es la Bula Pontificia del Papa Eugenio IV (30 de marzo de 1442). En ella, el Pontífice menciona el Prodigio haciendo referencia a los testimonios de los fieles y a las antiguas fuentes históricas. El manuscrito de Gerardo Cambrense, conservado en la Biblioteca Lamberthiana de Canterbury, es el documento más antiguo (1197) que narra el Prodigio.
El historiador Antonio Samaritani ha recuperado estas narraciones en su reciente obra Gemma Eccelsiastica. Otro documento de importancia es la Bula del Cardenal Migliorati del 6 de marzo de 1404. En ella se conceden indulgencias a “quien visitará la iglesia y rendirá honores a la Sangre Prodigiosa”. Aún hoy, el 28 de cada mes, en la Basílica de San Gaspar del Búfalo, los Misioneros de la Preciosísima Sangre, ofician la Adoración Eucarística en memoria del Milagro. Cada año, en preparación a la fiesta del Corpus Domini, se celebra la solemnidad de las Cuarenta horas. En 1971 ha sido celebrado el octavo centenario del Milagro.
Florencia, 1230-1595
El primer Milagro ocurrió el 30 de diciembre de 1230. Un sacerdote llamado Uguccione, al momento de concluir la Misa no se dio cuenta de que había dejado algunas gotas de vino consagrado en el cáliz; estas mismas se convirtieron luego en Sangre visible. El historiador Juan Villani hizo una cuidadosa descripción del Milagro:

al día siguiente, tomando nuevamente aquel cáliz, encontró dentro de él Sangre viva coagulada […]. Esto fue manifestado a todas las mujeres de aquel monasterio y a todos los vecinos allí presentes, al Obispo y a todo el clero. También fue expuesto ante la vista de todos los Florentinos, los cuales, con gran devoción, se reunieron alrededor para observar. Luego, depositaron la Sangre en una ampolla de cristal, que aún hoy se Interior de la Basílica de San Ambrosio muestra al pueblo con gran reverencia.
El Obispo Ardingo de Pavia ordenó que se llevase la Reliquia al Obispado, y luego de algunas semanas fue restituída a las Monjas del monasterio que la custodiaron en la iglesia de San Ambrosio. El Papa Bonifacio IX, en 1399, concedió la misma indulgencia de la Porciúncula a los fieles que visitaran la iglesia de San Ambrosio y contribuyesen en el adorno de la Reliquia del Milagro. En 1980 se celebró el 7500 aniversario del Prodigio.
La Reliquia del Milagro (algunas gotas de Sangre de un centímetro cuadrado) se conservan en una preciosa Custodia colocada al interior de un tabernáculo de mármol blanco, reaEI viernes Santo de 1595 una vela encendida, puesta sobre el altar de la capilla lateral, llamada del Sepulcro, cayó en el suelo causando un gran incendio. La gente se apresuró a socorrer tratando de domar el fuego y poder salvar el Santísimo Sacramento y el cáliz. En medio de la confusión general, seis Partículas consagradas cayeron de la píside sobre la alfombra encendida en fuego.
Pero a pesar de esto, fueron encontradas intactas y unidas entre sí. En 1628, el Arzobispo de Florencia, Marzio Medici, después de haberlas examinado, las encontró incorruptas, ordenando que fuesen colocadas en un precioso relicario. Cada año, durante las Cuarenta horas celebradas en el mes de mayo, las dos Reliquias son expuestas juntas en un Relicario junto con una Hostia consagrada para la adoración pública.
Gruaro (Valvasone), 1294
La Reliquia de este Milagro se custodia en la Iglesia del Santísimo Cuerpo de Cristo en Valvasone, pero el Prodigio se verificó en Gruaro. En el año 1294 una joven se dirigió al lavatorio de la acequia del Versiola para lavar un mantel de altar de la iglesia de San Justo de Gruaro. De pronto, la mujer se dio cuenta que una Hostia consagrada se había quedado por equivocación entre los pliegues del mantel y de ella brotaba sangre. Llena de temor, corrió en busca del Párroco para advertirle de lo sucedido.
El lugar exacto del torrente Maira, donde la mujer lavaba el mantel del Milagro
El párroco informó al Obispo de Concordia, Giacomo d’Ottonello de Cividale quien, una vez que certificó el hecho, pidió poder tener el mantel del Milagro en la Catedral de Concordia. Sin embargo, el párroco de Gruaro y la familia de los Condes de Valvasone, que gozaban del derecho de conferir beneficios eclesiásticos en el territorio de la iglesia de Gruaro y de Valvasone, deseaban también tener ellos el mantel.
Viendo que no se llegaba a ningún acuerdo, recurrieron a la Santa Sede quien autorizó a los Condes la custodia de la Reliquia del Milagro en Valvasone, con la condición que se construyese una iglesia dedicada al Santísimo Cuerpo de Cristo. La construcción de la iglesia fue concluída en 1483.
El documento de mayor autoridad y antigüedad que habla del Milagro es un rescrito del año 1454 del Papa Nicolás V. Fue entonces que el título de la iglesia parroquial, llamada precedentemente Santa María y San Juan Evangelista, fue cambiado por disposición del Pontífice a Iglesia del Santísimo Cuerpo de Cristo (28 de marzo de 1454). Hoy, el mantel se conserva en un cilindro de cristal, sostenido por un rico relicario de plata del maestro Antonio Calligari.
La fiesta del Sagrado Mantel se celebra el V jueves de Cuaresma, como conclusión de las jornadas de adoración del Santísimo Sacramento. Allí participan sacerdotes, junto con la comunidad foránea de Valvasone. Durante la fiesta del Corpus Domini, la reliquia es llevada en procesión, junto con el Santísimo Sacramento.
Lanciano, 750 D.C.
En la iglesia de San Francisco, un grabado en mármol del siglo XVII describe este Milagro Eucarístico ocurrido en Lanciano en el año 750. "Un monje sacerdote dudaba de la presencia real del Cuerpo del Señor en la Hostia consagrada. Mientras celebraba la Misa y decía las palabras de la consagración, vio que la Hostia se convertía en Carne y el vino mostrado a los presentes.

La Carne está aún entera y la Sangre se presenta dividida en cinco partes desiguales que pesadas singularmente, obtienen el mismo peso que descripción del Milagro n 1970, el Arzobispo de Lanciano y el ministro provincial de los Conventuales de Abruzzo, habiendo obtenido la autorización de Roma, iniciaron las investigaciones bajo la responsabilidad del Doctor Eduardo Linoli, director del hospital de Arezzo y profesor de anatomía, histología, química y microscopía clínica.
El 4 de marzo de 1971, el profesor presentó los resultados en modo muy detallado de la Reliquia del Prodigio ocurrido doce siglos atrás. He aquí las conclusiones: prueba inmunohematológica permite afirmar con toda certeza y objetividad que, tanto la carne como la sangre, pertenecen al mismo grupo sanguíneo, AB. El mismo que se encuentra en el hombre de la Sábana Santa y típico en las poblaciones mediorientales.
4. Las proteínas que están contenidas en la Sangre están normalmente distribuídas, en idéntico porcentaje del esquema sero-proteíco de la angre normal y fresca. Ninguna sección histiológica ha revelado la Salud nombró una comisión científica con el fin de verificar las conclusiones de Linoli. Los 500 exámenes se realizaron en 15 meses. Las investigaciones fueron las mismas hechas por el profesor Linoli, exceptuando algunas nuevas. Con mayor precisión se afirmó que los fragmentos en Lanciano no podían ser tejidos momificados.
Acerca de la naturaleza del fragmento de Carne, se declaró que se trata de un tejido vivo porque responde a todas las reacciones clínicas propias de los seres vivos. Entonces, la carne y la Sangre de costituita dal tessuto muscolare striato del miocardio. 2. La "Sangre milagrosa
es verdadera sangre: el análisis cromatográfico lo demuestra con certeza absoluta e indiscutible. 3. El estudio inmunológico manifesta que la carne y la sangre son ciertamente humanos y la conservantes utilizadas en la antigüedad para las momificaciones. El profesor Linoli descartó la hipótesis de una falsificación realizada en el pasado. Este estudio fue publicado en Quaderni Sclavo in Diagnostica (fasc. 3, 1971) suscitando un gran interés en el mundo científico. En 1973, el Consejo Superior de la Organización Mundial de de un cuerpo vivo. Esto confirma lo dicho por el profesor Linoli. En la redacción final de las investigaciones hechas por la Comisión Médica de la OMS y de la ONU, publicadas en diciembre de 1976 en Nueva York y Ginebra, se declaró que la ciencia, conciente de sus límites, se detiene ante la imposibilidad de dar una explicación.
La carne resulta formar parte del miocardio, exactamente del ventrículo izquierdo. Están bien identificados los vasos arteriosos y venosos y un doble ramo muy delgado del nervio vago. En el instante del Milagro, la carne estaba viva y luego ha sido expuesta a la ley del rigor mortis. El Milagro fue objeto de numerosas investigaciones por parte de las autoridades eclesiásticas entre los años 1574 y 1886, además del último realizado en 1970 por los profesores de la Universidad de Siena. Las conclusiones fueron: 'La carne es verdadera carne humana (constituida de tejido muscular cardíaco); la sangre es verdadera sangre (pertenece al mismo grupo sanguíneo AB de la carne); las substancias que los normal tejido humano, en estado fresco; la conservación de la carne y de la sangre, dejados en estado natural por doce siglos atmosféricos y biológicos sigue siendo aún un fenómeno extraordinario.
(Relación Linoli, 4 de marzo de 1971)
Macerata, 1356
En Macerata, en la iglesia Catedral de Santa María Asunta y San Julián, bajo el altar del Santísimo Sacramento, es posible venerar la Reliquia del "corporal manchado de sangre". En la misma iglesia, se conserva también un pergamino de la época en el que se describe el Prodigio. El historiador Ferdinando Ughelli cita este Milagro en su obra Italia Sacra del año 1647. Allí describe que ya desde el siglo XIV

el corporal era llevado en solemne procesión por la ciudad, custodiado en una urna de cristal de plata, con la participación de toda la comarca del Piceno.
Todos los documentos concuerdan en la descripción del hecho prodigioso. Un sacerdote, comenzó a tener fuertes dudas durante la Misa acerca de la realidad de la transubstanciación. Cuando fraccionó la Hostia Magna, vio que de ella comenzó a destilar sangre hasta el punto de manchar el corporal y el cáliz. El sacerdote informó inmediatamente al Obispo Nicolás de San Martín sobre lo ocurrido, el cual ordenó llevar la reliquia del corporal ensangrentado a la Catedral e instituyó un proceso canónico regular.
En 1494 se instituyó en Macerata una de las primeras Confraternidades en honor al SS. Sacramento (1494), y fue precisamente allí que nació la práctica piadosa de las Cuarenta horas (1556). Cada año, en ocasión de la fiesta del Corpus Domini, el Corporal del Milagro es llevado en procesión detrás del Santísimo Sacramento.
Mogoro, 1604
En Mogoro, Cerdeña, el lunes de Pascua del año 1604, don Salvador Spiga, párroco de la iglesia de San Bernardino, estaba celebrando la Misa. Luego de la consagración comenzó a distribuir la Comunión a los fieles. En ese momento se acercaron dos hombres, conocidos por todos a causa de la vida disoluta que llevaban. Cuando el párroco les dio la Comunión, ambos la escupieron inmediatamente sobre la piedra del balaústre. Explicaron lo sucedido diciendo que las Hostias hervían como carbones encendidos y que les había quemado la lengua.

Luego, sintiendo remordimiento por no haberse confesado antes, escaparon. Don Salvador hizo que se recogieran las sagradas Hostias y vio que en la piedra habían quedado como esculpidas las huellas de las dos Partículas. Ordenó que se lavase cuidadosamente la piedra, esperando que las huellas fuesen canceladas. Pero todo intento resultaba inútil. Numerosos historiadores, entre ellos el sacerdote Pedro Cossu y el Padre Casu, describen las pruebas de veracidad realizadas por el Obispo, Monseñor Antonio Surredo, y por sus sucesores.
Entre los documentos más importantes que confirman el Milagro, tenemos el acto público depuesto por el Notario Pedro Antonio Escano, el 25 de mayo de 1686, con el que el Rector de Mogoro estipuló un contrato para la construcción de una pequeña urna de leño dorado en la parte superior del altar mayor y, en cuya base, debería contener una cavidad para acoger la “piedra del milagro”. Esta debía ser conservada dentro de una caja decorosa y colocada en modo que sea vista por los fieles. La piedra presenta aún hoy las huellas circulares de las dos Hostias.
Morrovalle, 1560
En 1560, en Morrovalle un gran incendio destruyó por completo la iglesia de los franciscanos, con excepción de la Hostia Magna contenida en una píside (que también estaba completamente quemada, con excepción de la tapa). En 1960 se celebró el cuarto centenario del Milagro Eucarístico de Morrovalle.

El Consejo Municipal deliberó por unanimidad adornar la fachada de la puerta principal de Morrovalle con la inscripción "Civitas Eucarística". n Morrovalle, en la noche entre el 16 y el 17 de abril de 1560, durante la octava de Pascua, el hermano laico Angelo Blasi se despertó de un sobresalto alrededor de las dos de la mañana a causa de un violento ruido de chisporroteos. Mirando por la ventana de su celda vio que la iglesia estaba completamente envuelta en llamas.
Habiendo advertido a los otros frailes, En los siguientes días de sucedido el incidente se inició a remover la inmensa cantidad de escombros. Cuán grande fue la sorpresa cuando el 27 de abril, el Padre Bautista de Ascoli, removiendo un pedazo de mármol del altar mayor, descubrió que en una cavidad del muro estaba la píside con el corporal un poco quemado, y dentro de ella estaba intacta e íntegra la Hostia grande consagrada. El Padre Bautista anunció a gran voz el Milagro. Muchas personas corrieron al lugar para admirar el Prodigio.
Por tres días consecutivos el SS. Sacramento estuvo expuesto para la adoración de los fieles. Cuando finalmente llegó el Padre provincial, Evangelista da Morró d'Alba, la Hostia milagrosa fue depuesta en una cajita de marfil. Mons. Ludovico di Fo i, fue enviado inmediatamente por el Papa Pío IV a Morrovalle con el fin de indagar la autenticidad de los hechos. El Papa Pío IV, habiendo recibido el informe del Obispo, juzgó que el hecho era superior a toda causa natural y, por tanto, autorizó el culto con la Bula Sacrosanta Romana Ecclesia (1560).
Según las disposiciones contenidas en la Bula pontificia, los días del aniversario del incendio y del hallazgo de la santísima Hostia (17 y 27 de abril) serían días de fiesta, llamados "de los dos Perdones". La iglesia fue ampliada a causa de la gran multitud de fieles que acudían a las celebraciones. Actualmente la fiesta, en sus dos fechas, es festejada con la exposición del Santísimo Sacramento de la píside hallada, puestos ambos sobre el altar mayor. Además, se concede los Perdones, es ser lucradas en la iglesia de San Bartolomé. Hasta el año 1600, la Hostia milagrosa se conservó intacta, pero a causa de las vicisitudes históricas, se perdió todo rastro de la Hostia milagrosa. Hoy permanece sólo la píside, junto con su tapa, que permanecieron intactas luego del incendio.
Offida, 1273-1280
En 1273, en Lanciano, una mujer llamada Ricciarella, con el fin de recuperar el afecto del marido, Giacomo Stasio, cometió un grave sacrilegio. Siguiendo el consejo de una hechicera, aprovechando el momento de la comunión robó una Hostia consagrada, la llevó a su casa y la puso al fuego, sobre una teja con la intención de pulverizarla para ponerla en el plato del marido. En ese momento, la Partícula se convirtió en carne que derramaba sangre.
Detalle del lino ensangrentado
Ricciarella, aterrorizada por lo que estaba sucediendo, envolvió la teja con la Hostia bañada en sangre en un lino. Luego, la enterró bajo el estiércol del establo del marido. Cosas extrañas sucedieron en el interior del establo: cada vez que la mula de Giacomo entraba, se postraba de rodillas mirando hacia el lugar donde estaba enterrada la Hostia milagrosa. Giacomo comenzó a pensar que la esposa había realizado un maleficio a la bestia. Durante 7 años, Ricciarella no había dejado de sufrir grandes remordimientos.
Entonces, decidió confesar su horrible sacrilegio al prior del convento agustiniano de Lanciano, Giacomo Diotallevi, nativo de Offida. Las antiguas crónicas cuentan que la mujer comenzó a gritar en lágrimas al sacerdote: “!he matado a Dios! ¡He matado a Dios!”. El sacerdote se dirigió al lugar y encontró intacta la envoltura junto con la Reliquia. Estas fueron luego donadas a sus conciudadanos. Con el fin de conservar la Sagrada Hostia, los habitantes de Offida mandaron a hacer un relicario en forma de Cruz.
Una antigua crónica nos narra que fray Miguel y un hermano fueron enviados a un orfebre de Venecia con este encargo. Rogaron al orfebre que bajo juramento de fidelidad, prometiera que “no revelaría a ninguno lo que él estaba por ver y colocar dentro de la cruz. Luego, el orfebre quiso tomar la píside con la Hostia milagrosa, pero de improviso le vino la fiebre. Entonces, exclamó: “¿qué cosa me has traído, oh fraile mío?”. El religioso le preguntó si se encontraba en pecado mortal.
Habiendo respondido que sí, el orfebre se confesó y en el instante desapareció la fiebre. Así, sin ningún peligro, extrajo la Hostia de la píside y la depositó en el sagrado Madero de las misma cruz, sellando con un cristal, como claramente se puede observar”. Los relicarios de la teja y el lino teñido de sangre, junto con la cruz que contiene la Hostia milagrosa, están expuestos en la iglesia de San Agustín en Offida. La casa de Ricciarella en Lanciano fue transformada en una pequeña capilla. En 1973 fue celebrado el VII centenario del Milagro, y cada 3 de mayo los ciudadanos de Offida festejan el aniversario del Prodigio.
Patierno (Nàpoles), 1772
El 29 de agosto de 1774, la Curia arzobispal se mostró favorable al hallazgo milagroso y a la inexplicable conservación de las Hostias robadas en la iglesia de San Pedro, en Patierno, el 24 de febrero de 1772. Posteriormente se proclamó el Año Eucarístico diocesano para incentivar a la Comunidad diocesana a tomar conciencia del Milagro Eucarístico.

Lamentablemente, en 1978, unos ladrones lograron robar nuevamente el relicario con las Partículas milagrosas de 1772. En 1772, unos ladrones robaron un cierto número de Hostias consagradas, que fueron luego encontradas en los terrenos del Duque de Grottolelle, un mes después, bajo el estiércol y completamente intactas. El hallazgo fue posible gracias a unas luces misteriosas y a una paloma que volaba sobre el lugar en el que fueron enterradas.
San Alfonso María de Ligorio describió detalladamente este Milagro y de él se sirvió para despertar la fe y la devoción de los fieles hacia la Eucaristía. La circunferencia de las Partículas robadas en la iglesia de San Pedro, en Patierno correspondía perfectamente al fierro usado para su composición e incisión, de propiedad de la misma iglesia de San Pedro. El Vicario General, Mons. Onorati, redactó el informe del proceso diocesano que duró dos años: desde 1772 hasta 1774. Procedió además a sellar con cera de España de color rojo el nudo del lazo que unía las "dos ampollas incrustadas de plata". En el informe se lee:
decimos, decretamos y declaramos que la mencionada aparición de las luces y la intacta conservación de las sagradas Partículas por tantos días bajo el terreno, ha sido y es un auténtico y respetabilísimo Milagro obrado por Dios, Óptimo Máximo, para ilustrar más y más la verdad del dogma católico y hacer crecer aún más el culto hacia la real y verdadera presencia de Cristo Señor en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía.
Entre muchos estuvieron tres científicos de la época. Entre ellos, el famoso Dr. Domingo Cotugno de la Regia Universidad de Nápoles. Así se expresaron:
evidentemente, la extraordinaria aparición de las luces, variada en tantos modos, y la intacta conservación de las desenterradas Partículas, no pueden explicarse con principios físicos, y superan las fuerzas de los agentes naturales; por lo tanto, deben ser consideradas como milagrosas.
En 1972, el Prof. Pedro De Franciscis, docente de fisiología humana en la Universidad de Estudios de Nápoles, confirmaba esta misma sentencia en su "Relación sobre el hallazgo de las sagradas Hostias, ocurrido el 24 de febrero de 1772 en San Pedro en Patierno". En 1967, el Card. Arzobispo Corrado Ursi, en ocasión de la elevación de la iglesia de San Pedro a Santuario Diocesano Eucarístico escribía en la Bula: "el Prodigio de San Pedro, en Patierno, es un don y una exhortación divina para toda nuestra arquidiócesis. No debemos perder su voz, sino más bien ella debe alentar eficazmente a todos los fieles de todos los tiempos a considerar el mensaje que habla del "Pan de la vida para la salvación del mundo", lanzado por Jesús en Cafarnaúm".
Rimini, 1227
En la ciudad de Rimini, aún hoy es posible visitar la iglesia erigida en honor al Milagro Eucarístico obrado por San Antonio de Padua en el año 1227. Este episodio está citado en la Begninitas, obra considerada una de las fuentes más antiguas de la vida de San Antonio. Este Santo hombre discutía con un hereje que estaba contra el sacramento de la Eucaristía y a quien el Santo lo había casi conducido hacia la fe católica. Pero este hereje, después de varios y numerosos argumentos declaró:
Templum SS. Eucharistiae, Rimini
si tú, Antonio, logras demostrarme con un prodigio que en la Comunión está realmente el Cuerpo de Cristo, entonces yo, después de haber renunciado totalmente a la herejía, me convertiré inmediatamente a la fe católica. ¿Por qué no hacemos una apuesta? Tendré encerrada por tres días una de mis bestias y le haré sentir el tormento del hambre. Luego de tres días, la traeré aquí, delante del público y le enseñaré un alimento preparado. Tú estarás al frente con aquello que tú consideras el Cuerpo de Cristo. Si la bestia, despreciando el forraje se apresura a adorar a tu Dios, yo me convertiré a la fe de tu Iglesia.
San Antonio, iluminado e inspirado desde lo alto, aceptó el desafío. La cita fue fijada en la Plaza Grande (la actual plaza Tres Mártires). En el día fijado se reunió una gran muchedumbre de curiosos. A la hora indicada, los protagonistas de la singular apuesta se presentaron en la plaza, seguidos cada uno por sus simpatizantes. San Antonio por los fieles católicos, Bonovillo (el nombre del hereje cátaro) de sus aleados en el escepticismo.
El Santo se presentó teniendo entre las manos la Hostia consagrada, depositada en una Custodia; y el hereje teniendo entre manos las riendas de la mula hambrienta. El Santo de los Milagros, después de haber pedido y obtenido el silencio, se dirigió a la mula con estas palabras:
en virtud y en el nombre de tu Creador, que yo siendo indigno, lo tengo en mis manos, te digo y te ordeno: avanza con prontitud y rende honores al Señor con el debido respeto, para que así los malvados y los herejes comprendan que todas las creaturas deben humillarse delante de su Creador, a quien los sacerdotes tienen en sus manos en el altar.
Inmediatamente, el animal, rechazando el alimento del patrón, se acercó dócilmente hacia el religioso, dobló las patas delanteras ante la Hostia y permaneció así, reverentemente. Antonio no se había engañado en juzgar la lealtad de su adversario quien se arrojó a sus pies abjurando públicamente sus errores. Desde ese día se convirtió en uno de los cooperadores más activos del Santo taumaturgo.
Roma, 1610
En el momento en que una mujer noble de Roma se acercó a comulgar, comenzó a reírse porque dudaba de la real presencia de Cristo en el pan y en el vino consagrados. Entonces, el Papa, turbado por tal incredulidad, decidió no darle la comunión. Inmediatamente las especies de pan se convirtieron en carne y sangre. En aquellos tiempos era uso común llevar a la celebración eucarística el pan preparado en casa de los mismos fieles. El Papa San Gregorio Magno celebraba la Misa un domingo en la antigua iglesia dedicada a San Pedro.
Iglesia de Santa Pudenciana, Roma Interior de la Iglesia
En el momento de la distribución del Pan Eucarístico, vio que entre los fieles había una mujer que había preparado el pan y que reía a carcajadas. Con gran turbación, el Papa la reprendió y le preguntó el motivo de tal actitud. La mujer se justificó diciendo que no llegaba a entender cómo fuese posible que aquel pan que ella misma había preparado con sus manos, ahora, gracias a las palabras de la consagración, se convierta en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. San Gregorio le prohibió comulgar e imploró a Dios que la iluminase.
Cuando terminó su oración, vio que la fracción preparada por la mujer se convertía en carne y sangre. La mujer, con gran arrepentimiento, se arrodilló y comenzó a llorar. Aún hoy, una parte de la Reliquia del Milagro se conserva en Andechs, Alemania, en el monasterio benedictino. Fresco ubicado en el pórtico de la Iglesia de San Gregorio Magno en el Celio, Roma Icono de San Gregorio Iglesia de San Gregorio Magno en el Celio, Roma
Roma, VI-VII sec.
Santa Pudenziana es una de las más antiguas iglesias de Roma. Según la opinión de la mayor parte de los historiadores, el Senador romano, Pudente, hospedó al Apóstol Pedro en su casa, la cual se ubicaba precisamente debajo de los fundamentos de la iglesia. El nombre de la iglesia derivaría del nombre de la hija del Senador, Pudenziana. Pudenciana y su hermana, Praxedes, si bien no murieron mártires, fueron célebres porque limpiaban la sangre de los mártires luego de ser ejecutados.

La iglesia está embellecida por numerosos mosaicos romanos de la edad cristiana y fue construida bajo el Pontificado del Papa Pío I en el año 495 sobre el lugar donde se erigía la casa del Senador Pudente, por voluntad de las hijas Praxedes y Pudenciana. En las gradas del altar de la Capilla Caetani, construida por la familia Caetani, se puede apreciar la huella y la mancha de Sangre impresa por una Hostia que cayó de las manos de un sacerdote mientras celebraba la Misa. Sintiendo fuertes dudas de la real presencia de Jesús en las especies consagradas, consagró la Hostia y luego, inadvertidamente, cayó de entre sus manos. Tocando el suelo, la Hostia dejó su huella grabada.
Rosano, 1948
“La noche del 4 de abril de 1948, Domingo in Albis, durante el canto de las Vísperas, se observó por primera vez, que de los ojos de la estatua caían gotas como lágrimas. En junio del mismo año, se añadió otro prodigio “impresionante e inesperado”: la efusión de sangre. Estos hechos se verificaron repetidamente entre 1948 y 1950 siendo confirmados por numerosos testigos oculares, desde las mismas religiosas, en particular por la Rev. Madre Abadesa M. Ildegarde Cabitza di v.m.
Estatua del Sagrado Corazón que sangró y derramó lágrimas
En el archivo del monasterio se conservan muchos testimonios puestos bajo juramento; entre ellos, sacerdotes, predicadores, visitadores ocasionales, junto a los análisis médicos de purificadores bañados de sangre. Es muy preciado el testimonio de Mons. Angelo Scapecchi, que luego sería Obispo auxiliar de la Diócesis de Arezzo. Gracias a los archivos es posible enterarse de las investigaciones del Visitador, Padre Luigi Romoli o.p., enviado por el Santo Oficio, quien interrogó a todas las religiosas, imponiendo a toda la comunidad absoluto silencio.
Poco después, el 14 de noviembre de 1950, el mismo Santo Oficio ordenó que la estatua fuese trasladada a un lugar secreto. Luego, en 1952, regresó a Rosano. La comunidad de Rosano vivió este hecho con un íntimo gozo y gran emoción, pero con mucha discreción. Tan es así que – según las crónicas – nadie dejó de hacer las propias ocupaciones cotidianas; al contrario, la vida monástica prosiguió con mayor intensidad el dicho benedictino Ora et labora.
El hecho de las lágrimas y de la efusión de sangre fueron considerados inexplicables desde el punto de vista natural y humano. Mi venerado predecesor, Mons. Giovanni Giorgis, vio en los hechos de Rosano una llamada del Señor “a la fidelidad, a la reparación, a la oración”. (...) Queridísimos hermanos y hermanas, recordemos con conmoción lo sucedido cincuenta años atrás en nuestra Diócesis, veámoslo como un signo de la benevolencia y del amor del Señor y como una invitación a una seria y profunda reflexión.
Renovemos con gozo nuestra ardiente devoción al Sagrado Corazón de Jesús, y acogiendo este mensaje, pidamos el don de una conversión siempre más profunda a su amor, la gracia de un creciente fervor apostólico y el don de numerosas y santas vocaciones sacerdotales y religiosas para hacer de Cristo el corazón del mundo. Mirando al Corazón de Jesús, alcanzaremos con gozo las fuentes de la salvación!”
Salzano, 1517
Cuando San Ignacio de Loyola y sus compañeros, en 1536, se detuvieron en Venecia y en las ciudades vecinas en espera de partir para la Tierra Santa, pasaron algunos días en el Castillo Episcopal de Stigliano y fue así como tuvieron conocimiento y comprobaron en persona el Prodigio descrito en un escrito del jesuita Siervo de Dios, Simón Rodrigues.
Iglesia dedicada a San Bartolomé, donde se conserva el fresco del Milagro
En el mismo se narra de como un cierto «Sacerdote de nombre Lorenzo fue llamado de urgencia a administrar el Santo Viático en los confines occidentales de la parroquia rural entre Zeminiana y Briana a un enfermo moribundo. Como la estación y la hora no eran las adecuadas para una procesión, el sacerdote se tuvo que conformar con un solo monaguillo.
Tras llegar a los prados en los alrededores del río Muson, conocido vulgarmente como Cime, algunos asnos que estaban pastando se dirigieron hacia el séquito pío y, una vez delante del sacerdote, se arrodillaron y después siguieron al Viático hasta la casa del enfermo, repitiendo la genuflexión. Posteriormente, siempre con el sacerdote Lorenzo, retrocedieron hasta pararse en la pradera... Esta noticia va transmitiéndose de ancianos a hijos y de sacerdotes a parroquianos en catequesis».
También hablan del Milagro los Bollandistas, Gerola en el "Libro para todos", P. Beccaro en "Cerca de Jesús" y P. Sanna Solaro S.I. en una publicación sobre hechos Eucarísticos ocurridos en Italia. El Prodigio también fue tema de interés en el Congreso Eucarístico de Milán y se quería ilustrar también en el de Venecia, de acuerdo con la correspondencia de 1897 que se conserva en el archivo parroquial. En la Historia de la Compañía de Jesús de Nicolás Orlandino, publicada en Boloña por Bartolomé Zanetti en 1615, de nuevo se narra el episodio.
Esta historia fue escrita por el Siervo de Dios Simón Rodrigues, hombre de vasta doctrina, fallecido en Lisboa en olor de santidad el 15 de julio de 1579. La Curia añadió también a este documento la noticia en la que se confirma el nombre del sacerdote que presenció el Prodigio, lo que sirvió para determinar mejor aún la fecha del Milagro.
El sacerdote Lorenzo era, de hecho, el Capellán de la iglesia de Salzano precisamente en agosto de 1517 y la Curia le convocó para dar testimonio de asuntos relacionados con la parroquia por entonces a cargo de Don Francesco Artuso, que fue párroco en aquel lugar hasta aproximadamente 1550. En conclusión, el Prodigio tuvo lugar en el año 1517 y el Padre Rodrigues, que seguramente habló con Don Artuso, pudo examinar el proceso verbal redactado por las autoridades competentes de aquel tiempo.
San Pedro Damiàn, XI sec. / Scala, 1732
San Pedro Damián, Doctor de la Iglesia, describe un Milagro Eucarístico muy importante, del cual fue testimonio ocular, en su obra Opuscul. XXXIV; Patrol.lat., tom. CXLV, col. 573. El episodio será descrito por el mismo Santo:
San Pedro Damián
Es este un acontecimiento Eucarístico de gran importancia. Sucedió en el año 1050. Una mujer, cediendo a sugestiones abominables, estaba ya llevando a su casa el Pan Eucarístico para realizar con él un maleficio. Sin embargo, un sacerdote se dio cuenta a tiempo, la siguió y le quitó lo hurtado por la sacrílega. El sacerdote abrió el pañuelo de lino blanco donde estaba envuelta la Hostia Santa, y vio que una mitad se había transformado en el Cuerpo del Señor en modo visible, mientras que la otra mitad se conservaba en su aspecto ordinario de Partícula. Dios quiso que por medio de un testimonio tan evidente, fuera vencida la incredulidad y la herejía de aquellos que rechazaban la fe en la Presencia Real en el Misterio Eucarístico. En una mitad del pan consagrado se había hecho visible el Cuerpo del Señor, dejando la otra mitad en su forma natural para así evidenciar mejor la realidad de la transubstanciación sacramental que se realiza en la consagración.
La Venerable sor María Celeste Crostarosa, fundó junto con San Alfonso María de Ligorio, el Monasterio del Santísimo Redentor (Redentoristas). Cada jueves, en el Monasterio del Santísimo Redentor de Scala, después de la Misa matutina, se exponía el Santísimo Sacramento para la adoración pública. Por tres meses consecutivos, a partir del 11 de septiembre de 1732, durante la exposición solemne del Santísimo Sacramento, aparecieron en la Partícula contenida en la Custodia, los signos de la Pasión de Cristo.
Todo esto pudo ser verificado por las monjas, el pueblo, el Obispo de Scala, Mons. Santoro y el Obispo de Castellamare. La prodigiosa aparición ocurrió también en presencia del gran Doctor de la Iglesia, San Alfonso María de Ligorio. Mons. Santoro escribió una carta al Nuncio Apostólico de Nápoles, Mons. Simonetti, en la que describía todos los detalles relativos a las visiones ocurridas en la Santa Hostia expuesta. A su vez, el Nuncio envió la carta al entonces Secretario de Estado, Card. Barbieri.
Santa Clara De Asis, 1240
Cuenta así la leyenda:
Representación antigua del Milagro de Santa Clara
Se habían asentado allí, por orden imperial, filas de soldados y gran cantidad de arqueros sarracenos, apiñados como abejas, para devastar los campamentos y para adueñarse de la ciudad. Ocurrió que durante un asalto enemigo contra Asís, ciudad estimada por el Señor, mientras ya el ejército se acercaba a sus puertas, los feroces Sarracenos irrumpieron en las cercanías de San Damián, dentro de los límites del monasterio, hasta llegar al claustro mismo de las vírgenes. Los corazones de estas mujeres estaban sobrecogidos por el terror, las voces se volvían temblorosas por el miedo y llevaban sus llantos a la Madre (Santa Clara).
Este Milagro Eucarístico es citado en la Leyenda de Santa Clara Virgen, escrita por Tomás de Celano. Describe el Milagro obrado por Santa Clara de Asís que con el Santísimo Sacramento logró hacer retroceder las tropas sarracenas, pagadas por el emperador Federico II de Suabia. “Ella, con corazón impávido, comanda que la conduzcan, enferma como está a la puerta y que la pongan al frente de los enemigos. Precedida por la cajita de plata cubierta de marfil en la que era custodiado con suma devoción el Cuerpo del Santo de santos, postrada en oración ante el Señor, en lágrimas habló a su Cristo:
He aquí, mi Señor, que tú acaso quieres entregar en las manos de los paganos a tus siervas indefensas que yo he hecho crecer por tu amor? Protege, te ruego, Señor, estas siervas que yo ahora, sola, no puedo salvar.
Inmediatamente una voz como de niño resonó a sus oídos desde el tabernáculo: "¡yo te custodiaré siempre!" "Mi Señor, añadió, protege también, si así gustas, esta ciudad que por tu amor nos sostiene". Y Cristo a ella: "tendrá que soportar dificultades pero será defendida por mi protección". Entonces la virgen, alzando el rostro bañado en lágrimas conforta a las hermanas en llantos: "¡les doy garantía, hijas, que no sufrirán algún mal; tengan sólo fe en Cristo!".
Todos se paralizaron. La audacia de estos fue cambiada por el temor; y abandonando con rapidez los muros que habían escalado, fueron dispersados por la fuerza de aquella que rezaba. Inmediatamente, Clara advirtió con severidad a aquellas que habían escuchado la voz de la que anteriormente se ha hablado, diciéndoles: "esténse bien atentas, hijas queridísimas, de manifestar aquella voz a alguien mientras yo viva"”.
Siena, 1730
Entre los documentos más importantes que describen el Prodigio existe una memoria escrita por un cierto Macchi en el año 1730, en el que cuenta que el 14 de agosto de 1730, algunos ladrones lograron entrar en la iglesia de San Francisco, en Siena, para extraer la píside con 351 Partículas consagradas. Luego de tres días, el 17 de agosto, fueron encontradas intactas las 351 Hostias en la cajita de limosnas del Santuario de Santa María en Provegnano, en medio del polvo.
Basílica de San Francisco, Siena
Todo el pueblo se reunió para festejar el hallazgo de las santas Hostias, las cuales fueron restituidas inmediatamente en medio de una solemne procesión a la iglesia de San Francisco. A pesar del paso de los años, las Partículas no sufrieron ninguna alteración. En varias ocasiones, ilustres personajes examinaron las Hostias con varios instrumentos y las conclusiones fueron siempre las mismas:
las sagradas Partículas se encuentran aún frescas, intactas, físicamente incorruptas, químicamente puras y no presentan ningún principio de corrupción.
En 1914, el Papa San Pío X autorizó la realización de un examen en el que participaron numerosos profesores de bromatología, higiene, química y farmacéutica. Entre estos se encontraba el famoso profesor Siro Grimaldi. La conclusión final del informe decía:
las Santas Partículas de Siena son un clásico ejemplo de la perfecta conservación de partículas de pan ázimo consagradas en el año 1730, y constituyen un fenómeno singular, palpitante de actualidad que invierte las leyes naturales de la conservación de la materia orgánica. […] Es extraño, sorprendente, es anormal: las leyes de la naturaleza se han invertido, el vidrio se ha convertido en la sede de hongos, el pan ázimo, en cambio, ha sido más refractario que el cristal. […] Es un hecho único, consagrado a los anales de la ciencia.
En 1922 se realizaron otros análisis, en ocasión del traslado de las Partículas a un cilindro de puro cristal de roca; y luego, en 1950 y en 1951. El Papa Juan Pablo II, durante la visita pastoral a la ciudad de Siena, el 14 de septiembre de 1980, se expresó así, estando delante de las Hostias prodigiosas: “!es la Presencia!”. El Milagro permanente de las Santísimas Partículas se custodian en la capilla Piccolomini en los meses de verano y, en la capilla Martinozzi, en los meses invernales.
Son muchas las iniciativas de parte de los ciudadanos de Siena en honor a las Santas Hostias: el homenaje de los barrios, el obsequio de los niños de la primera Comunión, las procesiones solemnes en la fiesta del Corpus Domini, el septenario Eucarístico del fin del mes de septiembre, la jornada de adoración eucarística cada 17 del mes en recuerdo del hallazgo sucedido el 17 de agosto de 1730.
Trani, XI sec.
En Trani, provincia de la Puglia, aún hoy se conserva en la Catedral de María Santísima Asunta la Reliquia de este Milagro Eucarístico sucedido alrededor del año mil. Son muchos los documentos que hablan de este Prodigio, entre ellos existen algunos monogramas eucarísticos reproducidos en la viejas calles de la ciudad. El fraile Bartolomé Campi, describe en su obra “El Enamorado de Jesucristo” (1625), un cuidadoso informe de cómo se desarrollaron los hechos:
Representación antigua del Prodigio
Fingiendo ser cristiana, la mujer comulgó como las otras…Habiendo recibido la Partícula, se la quitó de la boca y la puso en un pañuelo. Regresando a su casa, quiso comprobar si era pan o no. Entonces, puso aquella bendita Partícula en una sartén llena de aceite para así freírla…Cuando la Hostia entró en contacto con el aceite hirviente, la Partícula se convirtió milagrosamente en carne sangrante. La hemorragia de sangre, llamémosla así, no se detuvo inmediatamente, sino que se derramaba fuera de la sartén inundando por todos lados aquella maldita y detestable casa. Sobrecogida por el terror, la mujer comenzó a gritar … entonces, las vecinas corrieron a la casa para ver cuál era el motivo de los sollozos de la mujer…
El Arzobispo, fue informado inmediatamente de lo sucedido. Ordenó que se recuperase la Hostia con gran reverencia para devolverla a la iglesia. El mismo abad cisterciense, Ferdinando Ugelli (1670), en su conocidísima obra enciclopédica “Italia sagrada”, escribe una nota en su séptimo volumen:
En Trani se venera la sagrada Hostia, que en señal de desprecio a nuestra fe fue puesta en aceite hirviente…, en la cual, desvelado el pan ázimo, apareció la verdadera Carne y la verdadera Sangre de Cristo, que se derramó hasta el suelo.
Una confirmación indirecta del hecho lo encontramos también en una afirmación dicha por San Pío de Pietrelcina: “Trani tiene gran suerte porque por dos veces la Sangre de Cristo ha mojado su tierra”. La referencia está dirigida al milagro eucarístico que hemos mencionado y al milagro del Crucifijo de Colonna, de cuya nariz desfigurada brotó un abundante flujo de Sangre. En 1706 la casa de aquella mujer fue transformada en capilla gracias a una generosa donación del noble Ottaviano Campitelli.
La Reliquia de la Hostia fue depositada en 1616 en un antiguo relicario de plata donado por Fabrizio de Cunio. La Santa Reliquia ha sido analizada en diversas épocas; la última vez, data del año 1924, realizada en ocasión al Congreso Eucarístico interdiocesano convocado por Monseñor Giuseppe Maria Leo.
Turin, 1453
En la Alta Val Susa, en Exilles, las tropas de Renato d’Angiò se enfrentaron con las milicias del duque Ludovico de Saboya. Los soldados saquearon todos los alrededores y algunos entraron en la iglesia. Uno de ellos, forcejeó la pequeña puerta del tabernáculo y robó la custodia con la Hostia consagrada. La metió en un saco y cargó al mulo con lo robado. Con el botín, se dirigió a la ciudad de Turín.

Llegando a la plaza mayor, cerca a la iglesia de San Silvestro, en ese entonces del Espíritu Santo, sobre el lugar donde luego se erigió la iglesia del Corpus Domini, el mulo tropezó y calló. Entonces, ante el estupor de la gente, se abrió el saco y dejó pasar la custodia con la Hostia consagrada que se elevaron hasta superar la altura de las casas,. Entre los presentes, estaba Don Bartolomé Coccolo, quien corrió para dar la noticia al Obispo Ludovico de los marqueses de Romagnano.
El Obispo, acompañado por un gran corteo, entre el pueblo y el clero, se dirigió a la plaza y puesto en actitud de adoración, oró con las palabras de los discípulos de Emaús: “quédate con nosotros, Señor”. Entonces, se verificó un nuevo prodigio: la custodia cayó al suelo, dejando libre y esplendente, como un sol, la Hostia consagrada. El Obispo alzó hacia la Hostia un cáliz que tenía entre sus manos y lentamente ésta comenzó a descender, posándose dentro del cáliz.
La devoción del Milagro Eucarístico de 1453 se expandió inmediatamente en la ciudad, la cual promovió como primera cosa la construcción de tabernáculo sobre el lugar del Prodigio. Poco después, fue sostituida por la iglesia dedicada al Corpus Domini. Pero la expresión más significativa está en las fiestas organizadas en ocasión de los centenarios y de los 50 años (del 1653, 1703, 1753, 1853, y en parte, 1803).
Muchos son los documentos que describen el Milagro: los más antiguos son los tres Actos Capitulares de 1454, 1455, 1456 y algunos escritos contemporáneos al Milagro de la Municipalidad de Turín. En 1853, el Beato Papa Pío IX celebró solemnemente el cuarto centenario del Milagro; ceremonia a la que participaron San Juan Bosco y Don Rua. Pío IX aprobó en esta ocasión el Oficio y la Misa propios de este Milagro para la arquidiócesis de Turín. En 1928, Pío XI elevó la Iglesia del Corpus Domini a la dignidad de Basílica Menor. La Hostia del Milagro fue conservada hasta el siglo XVI, cuando la Santa Sede ordenó que fuese consumada
para así no obligar a Dios a hacer un eterno Milagro en el mantener siempre incorruptas, como siempre se han mantenido, aquellas especies eucarísticas.
G.A. Recchi, frescos con la descripción del Prodigio presentes en la Municipalidad de Turín Mármol en el que explica que la Hostia del Milagro fue consumada “para no obligar a Dios a hacer un eterno Milagro…” Para proteger la partícula milagrosa, en 1455 fue eregido un tabernáculo en la Catedral, que luego fue sacado cuando iniciaron los trabajos para una nueva construcción proyectada por Meo del Caprino.
En 1528, en el lugar donde sucedió el Milagro, fue edificada el tabernáculo de Matteo Sanmicheli, adornada de pinturas que evocan las fases más significativas del milagro. Más tarde fue sustituida por la actual iglesia del Corpus Domini, iniciada por Ascanio Vittozzi en 1604. El Corpus Domini fue erigida por decisión de la municipalidad en 1598, durante la epidemia de la peste, por un pedido de la confraternidad del Espíritu Santo.
Interior de la Basílica del Corpus Domini Anónimo, Milagro del Santísimo Sacramento, sucedido en la Ill.ma et Inclita Ciudad de Turín, el seis de junio del año 1453, alrededor de las 8 de la noche. Leño inciso anexo a El año secular ( Colección Simeon C 2412). El Tríptico ilustra las fases más resaltantes del evento: el robo de la Partícula consagrada en Exilles, la caída del mulo y la ascensión de la Hostia, su deposición en el cáliz.
Los dos arcos laterales apoyan en la parte superior el escudo de la ciudad Reproducción de la Hostia milagrosa obtenida de El Milagro de Turín ilustrado en ocasión al primer congreso eucarístico internacional, Turín, Tipografía Fratelli Canónica, 1894.
( Colección Simeon, C 9200) Luigi Vacca (1853), frescos que decoran la bóveda de la Basílica con las diversas fases del Prodigio Cajita de ciprés mandada a hacer por la Municipalidad de Turín en 1672 para custodiar los documentos relativos al Milagro El fierro con el cual fue impresa la partícula milagrosa fue transportado a Turín desde Exilles en 1673, y en 1684 fue donado a la Municipalidad que la custodia actualmente en los depósitos del Archivo histórico de la Ciudad
Turin, 1640
En 1640 la armada francesa del Conde de Harcourt llegó a atravesar el río Po, conquistando la fortaleza del Monte de los capuchinos. El Padre capuchino Pier Maria de Cambiano, describe detalladamente el Milagro Eucarístico ocurrido durante la ocupación de las tropas francesas en la iglesia de Santa María del Monte:
Iglesia del Monte de los Capuchinos
el Piemonte fue inundado por ejércitos extranjeros, entre ellos los franceses que, habiendo dejado el caserío de Monferrato, ya liberado por los españoles, marcharon hacia Turín. El 6 de mayo de 1640 se encontraron en Chieri, el 7 en Moncalieri y el 10 llegaron a Turín. Allí lograron atravesar la orilla izquierda del Po, apoderándose del puente a pesar de la valerosa defensa de los nuestros que se retiraron hacia el convento de los Capuchinos del Monte. Pero ni siquiera allí se encontraron al seguro. En la mañana del 12 de mayo, los franceses asaltaron con potencia y energía por dos veces a las trincheras; y aunque por dos veces fueron rechazados, a la tercera obligaron a los nuestros a deponer las armas y a refugiarse con el pueblo esperando la salvación en un lugar santo, en la iglesia.
Los invasores entraron en la iglesia, asesinaron a hombres y mujeres, jóvenes y viejos, civiles y soldados; e inclusive a aquellos que se habían refugiado en los altares sagrados o entre los brazos de los frailes capuchinos, mientras pedían clemencia y la vida misma. Ningún religioso fue herido, pero se encontraron todos con el corazón despedazado ante la vista de tan execrable desastre. Luego de haber esparcido sangre, robaron los objetos sagrados y saquearon el convento, porque siendo asilo seguro, tantos refugiados habían llevado sus pertenencias. Luego, en la misma iglesia (terrible decirlo) se abandonaron a actos brutales de libidine. Pero no bastaba. Un soldado francés, hereje, subió al altar y luego de haber destruido la cerradura del tabernáculo estaba por extraer la Píside con las sacrosantas Partículas para burlarse, ¡pero sucedió un Milagro!
Una línea de fuego salió del tabernáculo directamente hacia el pecho del sacrílego francés, quemándole los vestidos y el rostro. El soldado, atemorizado, se arrojó al suelo gritando y pidiendo perdón a Dios. Inmediatamente la iglesia se llenó de un denso humo que causó un común estupor y terror. En ese momento cesó el vandalismo.
Veroli, 1570
En la Pascua del año 1570, en la iglesia de San Erasmo, la Hostia consagrada, según el rito tradicional, fue depositada en una píside de plata de forma cilíndrica con tapa y cerradura que viene luego colocada en un gran cáliz ministerial, también de plata y cubierto por una patena. El conjunto viene luego envuelto en una elegante tela de seda. Es necesario precisar que en siglo XV, la exposición del Santísimo en la custodia era poco difundida aunque ya en el Concilio de Colonia (1452) se había hablado de este argumento.

Era costumbre que cada confraternidad de la ciudad se organizase para hacer una hora de adoración delante del SS. Sacramento expuesto. Así, los miembros de la confraternidad de la Misericordia, que precedían a los del Corpus Domini y a los de la Virgen, vestidos con telas negras, se dispusieron a rezar de rodillas. De esto habla el documento de mayor autoridad, redactado por la Curia inmediatamente luego de los hechos y es conservado en el archivo de la iglesia de San Erasmo. Bastante detallada es la declaración de un cierto Jacobo Meloni, quien fue uno de los primeros testigos del Prodigio:
y así, alzando los ojos hacia el cáliz, vi a los pies de la copa del cáliz una estrella resplandecientísima y sobre ella, aparecía el SS. Sacramento del tamaño similar al utilizado en la Misa por el sacerdote; y la estrella estaba pegada al SS. Sacramento (...) La maravilla llegó al cúlmen cuando se vieron en torno a la Hostia consagrada unos niños en adoración, parecidos a pequeños ángeles...
Aún hoy, el martes después de la Pascua es recordado cada año el Prodigio con una solemne ceremonia en la que participa también el Obispo. El cáliz y la patena donde fue expuesto el SS. Sacramento ha permanecido siempre custodiado entre los relicarios de los santos, así como la píside de plata. Las sagradas especies de la Hostia milagrosa de Veroli, luego de 112 años aproximadamente, fueron consumadas. En 1970, en ocasión del cuarto centenario del Prodigio, se celebró el tercer Congreso Eucarístico de la diócesis de Veroli – Frosinone. Cada primer viernes del mes se realiza la adoración al SS. Sacramento mientras que las otras iglesias permanecen cerradas.
Volterra, 1472
Entre las principales causas que desencadenaron la inútil guerra de las Allumiere, concluida con el saqueo de Volterra en 1472 por obra de las milicias del duque de Montefeltro, estaban sobretodo los contrastes entre las diversas clases sociales y los intereses personales de Lorenzo de Medici. Siendo absorbida al estado florentino, Volterra fue expuesta a un duro trato que provocó la emigración de muchas familias de buena posición que tuvieron que vender los propios bienes a bajo costo para no quedarse en la miseria.

Fue en este escenario histórico que en 1472, se verificó nuestro Milagro Eucarístico. En los archivos de la iglesia de San Francisco se conserva la relación escrita del Fraile Biagio Lisci, quien fue testigo directo, y por tanto, uno de los testimonios más creíbles del Prodigio. Existen también algunos actos municipales conservados en la biblioteca municipal de Volterra. Un soldado florentino entró en la iglesia Catedral, tomó numerosos objetos sagrados y luego se dirigió directamente al tabernáculo para robar la píside que contenía Hostias consagradas.
Saliendo de la iglesia, por un ímpetu de fortísimo odio hacia Jesús Eucaristía, arrojó la píside contra una de las paredes externas de la Iglesia. De la píside se elevaron todas las Hostias como sostenidas por una mano invisible, irradiando una intensa luz. El soldado cayó sobrecogido por el terror y arrepentido comenzó a llorar. Fueron muchos los testigos que estuvieron presentes en el momento del Prodigio.
Fuente
Texto y fotografías: exposición internacional «Los Milagros Eucarísticos en el mundo», de san Carlo Acutis. Ficha original en miracolieucaristici.org.