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Fe

No te vayas corriendo tras comulgar

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Acabas de recibir a Dios. No es momento de salir pitando.

Comulgamos y, muchas veces, a los dos minutos ya estamos pensando en el aparcamiento o mirando el móvil camino de la salida. Pero acabas de recibir a Cristo mismo. Esos minutos de después son un pequeño tesoro que solemos malgastar. No hace falta nada complicado. Quedarte un rato en silencio, darle las gracias, contarle el día, pedirle por los tuyos. Tratarle como al amigo que se ha quedado contigo. Es un detalle de cariño, y de los que más hondo calan. Prueba a no salir corriendo. Regálale unos minutos de atención sincera después de comulgar. Con el tiempo, esos ratos callados se vuelven algunos de los mejores momentos de tu semana.

Idea clave

Los minutos después de comulgar son un encuentro que vale la pena no desperdiciar.

Tu reto para esta idea

La próxima vez que comulgues, quédate al menos dos minutos en silencio dándole gracias, sin prisa por salir.

BASADO EN

La Eucaristía →