Emociones
No te acostumbres al dolor ajeno
La indiferencia empieza cuando una herida ya no te mueve nada.
Uno puede ver tantas noticias, problemas y dramas que acaba protegiéndose con frialdad. Parece una defensa, pero si el corazón se acostumbra demasiado, deja de reaccionar ante personas reales.
No puedes cargar con todo el dolor del mundo, pero sí puedes evitar que se convierta en paisaje. Una oración, una ayuda, una conversación o una decisión de justicia ya rompen la indiferencia.
El corazón cristiano no vive anestesiado. Mira el dolor sin morbo y responde con el bien posible.
Idea clave
No acostumbrarse al dolor ajeno es una forma de conservar vivo el corazón.
Tu reto para esta idea
Reza hoy por una noticia dolorosa y busca una forma concreta de ayudar, aunque sea pequeña.
BASADO EN
Solidaridad →