La Eucaristía ya merece reverencia antes de que ocurra algo extraordinario.
Sería raro esperar una señal visible para empezar a cuidar lo que la fe ya reconoce como presencia de Cristo. Y, sin embargo, nos pasa: hay quien solo se recoge cuando la Misa es solemne o cuando siente algo especial.
Si solo tratas algo como sagrado cuando impresiona, has dejado que los sentidos decidan por completo lo que crees. La reverencia de cada día es menos llamativa y más fiel: acercarte preparado, responder con atención, recibir sin prisa y dar gracias.
No hace ruido, pero dice mucho de lo que crees.
Idea clave
La fe cuida la Eucaristía por quien está presente, no por lo espectacular que pueda ocurrir.
Tu reto para esta idea
En tu próxima Misa, cuida conscientemente un gesto: la genuflexión, el amén o la acción de gracias.