Puedes contar lo que vives aunque no tengas respuesta para todo.
A veces callas sobre tu fe porque imaginas un examen sorpresa: que te pregunten algo que no sabes, explicarlo mal o quedar como alguien que todavía tiene sus luchas.
Pero hablar de Dios no exige ser un experto. Puedes contar algo que has vivido de verdad, escuchar la pregunta del otro y decir con sencillez: «No lo sé; déjame que lo mire». Esa humildad, con interés de verdad, da más confianza que tener respuesta para todo.
Formarte sigue siendo necesario, sobre todo para no improvisar en temas delicados. Pero muchas veces lo que alguien necesita hoy no es una conferencia, sino descubrir que puede hablar contigo sin sentirse juzgado.
Idea clave
Para hablar de tu fe basta con ser sincero; lo que no sepas, lo puedes buscar.
Tu reto para esta idea
Comparte esta semana con alguien una razón personal de tu fe, y si te pregunta algo que no sabes, dile que lo buscarás.