Ni siquiera sabes bien cómo suena tu voz: necesitas una grabación para oírla.
Cuando oyes tu voz grabada, casi nunca te reconoces. Con la imagen que tenemos de nosotros mismos pasa algo parecido: a veces nos vemos mucho mejor de lo que somos y, muchas veces, bastante peor. Nadie es buen juez en su propia causa.
Conocerse de verdad pide otras miradas: la de amigos que te quieren y te dicen las cosas, la de alguien que te acompaña en tu vida espiritual y, sobre todo, la de Dios. En la oración puedes preguntarle cómo te ve Él, que te conoce entero y te quiere.
Eso no significa vivir pendiente de cualquier opinión. Hay juicios que es mejor dejar de lado porque no te conocen o nacen de criterios torcidos. Pero quien solo se escucha a sí mismo suele acabar o muy engreído o muy hundido.
Idea clave
Para conocerte bien necesitas la mirada de quien te quiere y, sobre todo, la de Dios.
Tu reto para esta idea
Pregunta hoy a alguien de confianza qué ve de bueno en ti que tú no valoras.