Eres de Cristo, y ningún error cancela eso.
Por el bautismo quedó impresa en ti una marca que no se borra: perteneces a Cristo, eres hijo de Dios. No es un título que ganes ni que pierdas según te portes. Está ahí, debajo de todo.
Eso cambia cómo te miras cuando fallas. El pecado puede impedir que ese sello dé fruto, pero no lo arranca: siempre puedes volver, porque nunca dejaste de ser suyo. Antes que tus aciertos y tus caídas, eres alguien marcado por Dios, y a esa dignidad puedes agarrarte siempre.
Idea clave
El bautismo te marca como hijo de Dios, y eso ningún pecado lo borra.
Tu reto para esta idea
Cuando hoy te sientas un desastre, recuérdate: soy hijo de Dios, y eso no depende de mi último error.