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Sentido

Las bienaventuranzas no son para superhéroes

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Jesús no dijo "felices los que pueden con todo".

Bienaventurados los pobres, los que lloran, los mansos, los limpios de corazón, los perseguidos. A primera vista parece un programa imposible, escrito para gente de otra pasta. Pero relee la lista: pobres, tristes, hambrientos de justicia. Jesús no felicita a los fuertes; llama dichosos justo a los que el mundo da por perdedores. Las bienaventuranzas son, además, su autorretrato. Él fue el pobre, el manso, el misericordioso, el perseguido. No dejó una teoría sobre la felicidad: se dejó a sí mismo como camino hacia ella. Por eso no son un listón para saltar, sino una dirección para caminar. No se viven todas de golpe ni desde la fuerza: se empieza donde estás, eligiendo una y viviéndola en pequeño. La felicidad que prometen no es la del que gana, sino la del que ama.

Idea clave

Las bienaventuranzas no exigen ser fuerte: son la felicidad de Cristo, ofrecida a los que no lo son.

Tu reto para esta idea

Lee despacio las bienaventuranzas (Mateo 5) y subraya la que más te choque: probablemente es la tuya.

BASADO EN

Las bienaventuranzas →