No es solo para el último suspiro.
Mucha gente asocia la Unción de los enfermos con la muerte inminente, algo que se llama a última hora, casi con miedo. Pero no es «el sacramento de los que se van». Es para quien atraviesa una enfermedad grave o la fragilidad de la vejez.
Lo que da no es un trámite: es gracia para no desfallecer, paz frente al miedo, fuerza para llevar el sufrimiento unido a Cristo, y a veces también alivio del cuerpo. Acompaña, no despide.
Por eso más vale no dejarlo para el último segundo, cuando la persona ya no se entera. Pedirlo a tiempo, para uno o para un ser querido, es un gesto de fe y de amor, no de derrota.
Idea clave
La Unción da fuerza y paz en la enfermedad; no es solo para el momento final.
Tu reto para esta idea
Si tienes cerca a alguien enfermo o muy mayor, infórmate y no dejes para el final la posibilidad de este sacramento.