«Perdónanos como perdonamos»: te mides con tu propia vara.
El Padrenuestro tiene una petición que se vuelve hacia quien la reza: «perdónanos como también nosotros perdonamos». Las demás las pides sin condiciones; esta la firmas con tu propia conducta. Le estás pidiendo a Dios que te trate como tú tratas a los que te fallan.
No es una amenaza, es una verdad de fondo: si cierras el puño con quien te hizo daño, ese mismo puño no puede abrirse para recibir el perdón. El rencor guardado deja tu corazón impermeable, también al amor de Dios.
Por eso perdonar no es un extra piadoso: es lo que mantiene abierta la puerta por la que a ti te perdonan. No siempre sale a la primera; pero cada vez que sueltas un poco de rencor, haces sitio para que te perdonen a ti.
Idea clave
Al rezar el Padrenuestro pides que te perdonen en la medida en que tú perdonas.
Tu reto para esta idea
Al llegar hoy a «como nosotros perdonamos», nombra a alguien que te deba algo y da un paso para soltarlo.