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Disciplina

La mortificación no busca el dolor

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Renunciar a algo no es castigarte: es entrenar para querer mejor.

«Mortificación» suena a látigo y a cara larga. Pero bien entendida no tiene nada que ver con buscar el dolor por el dolor. Fíjate en cómo eran los santos que más se sacrificaron: la sonrisa de Juan Pablo II, la paz de la Madre Teresa entre los más pobres. Nada de amargura. Privarte de algo pequeño —un capricho, una queja, la última palabra— tiene dos sentidos sanos: hacerte más dueño de ti y dejarte más libre para querer a los demás. No es maltratarte; es no ser esclavo de cada gusto ni de cada impulso. Por eso una buena mortificación no te deja de peor humor ni te vuelve raro. Te hace más ligero, más señor de tu vida y más capaz de ceder por otro. El objetivo nunca es sufrir: es amar mejor.

Idea clave

La mortificación no busca dolor, sino dominio de uno mismo y libertad para amar.

Tu reto para esta idea

Renuncia hoy a un capricho pequeño (una queja, un antojo, la última palabra) y ofrécelo, con buena cara.

BASADO EN

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