Cristo no fundó una Iglesia para abandonarla al azar.
La Iglesia está formada por personas débiles, y eso se nota. Pero su misión no depende solo de la calidad humana de sus miembros, sino de la promesa de Cristo y de la asistencia del Espíritu Santo.
Esto no convierte cada opinión de un cristiano en perfecta. Pero sí da confianza en que la Iglesia puede custodiar la fe recibida y orientar hacia la salvación sin inventarse otra cosa.
La clave es no usar la duda como excusa para quedarse quieto. Una pregunta bien vivida puede acercar a Dios si se hace con humildad, si busca la verdad y si está dispuesta a cambiar algo cuando encuentre luz.
Idea clave
La debilidad de los miembros no anula la misión recibida de Cristo.
Tu reto para esta idea
Distingue hoy entre un mal ejemplo humano y la enseñanza central de la fe.