La misericordia hacia otro molesta cuando crees que el amor se reparte según méritos.
El hermano mayor ve la fiesta y piensa en años trabajados, órdenes cumplidas y recompensas no recibidas. El regreso de su hermano no le alegra porque interpreta el amor del padre como un sistema de puntos. Si tú también llevas cuentas, el perdón ajeno parece una estafa. «Después de lo que hizo, ¿cómo puede recibir tanto?». La pregunta revela que quizá esperabas cobrar tu bondad, no compartir una casa.
La gracia no llama bueno al daño ni elimina sus consecuencias. Afirma que nadie queda reducido para siempre a sus méritos o pecados. El amor del Padre no te quita nada cuando levanta a otro; también tú vives de algo que no podrías pagar.
Idea clave
La misericordia deja de parecer injusta cuando recuerdas que tú también vives de un amor no ganado.
Tu reto para esta idea
Cuando alguien reciba otra oportunidad, evita hoy recordar sus méritos negativos y agradece una gracia que tú recibiste.