Lo sagrado deja de ser don cuando intentas convertirlo en posesión.
Algunos relatos cuentan que una persona robó una Hostia porque quería tenerla cerca o adorarla a su manera. La intención podía parecer devota, pero el gesto trataba la Eucaristía como algo que uno toma y guarda por cuenta propia. La fe cristiana se recibe dentro de una comunión, con una forma de cuidado que no inventas tú solo. Amar a Cristo no te convierte en dueño de los sacramentos ni te permite separar la devoción de la Iglesia.
Hay bienes que solo permanecen limpios cuando se acogen como regalo. Recibir con gratitud, respetar y dejarse enseñar es más profundo que poseer o controlar.
Idea clave
La Eucaristía es un don confiado a la Iglesia, no una propiedad privada.
Tu reto para esta idea
Revisa hoy una práctica de fe y pregúntate si la vives como regalo o como algo que controlas.