Pasar una mala temporada por dentro no borra el bien que sigues haciendo.
Llevas unas semanas rezando sin sentir nada, dudas de cosas que antes tenías claras y te preguntas si todo lo que haces por Dios es una farsa. Te aplicas una lógica muy dura: si hoy dudo, estoy triste o me cuesta querer, entonces todo lo que hago es falso.
Pero una dificultad por dentro no vuelve inútiles tu trabajo, tu servicio ni tu oración. Un padre que una mañana no tiene ninguna ilusión sigue preparando el desayuno a sus hijos, y ese desayuno no es menos cariño por eso.
La crisis hay que atenderla: pedir ayuda, hablarlo, buscar la verdad. Mientras tanto, puedes seguir haciendo el bien que ves claro. A veces ser fiel consiste precisamente en no tirarlo todo por la borda durante una temporada oscura.
Idea clave
Una crisis interior necesita cuidado, pero no convierte en falso todo el bien que haces.
Tu reto para esta idea
Mantén hoy una acción buena que estabas a punto de abandonar solo porque no la sientes con fuerza.