Para muchos es el sacramento del adiós. Debería ser el del arranque.
Es muy común confirmarse y, poco después, desaparecer de la vida de fe, como si fuera una graduación: «ya está, ya he terminado». Pero la confirmación no cierra nada. Es fuerza del Espíritu para empezar a vivir la fe en serio y de adulto.
Con ella recibes coraje para no esconder lo que crees, también cuando alrededor hay indiferencia o burla. No te hace religioso de escaparate: te hace capaz de dar la cara con naturalidad.
Si te confirmaste hace años y todo quedó ahí, no pasa nada: esa fuerza sigue dentro. Se trata de volver a activarla, no de empezar de cero.
Idea clave
La confirmación no cierra tu fe: te da fuerza para vivirla de adulto.
Tu reto para esta idea
Hoy da un pequeño paso «de confirmado»: no escondas tu fe en un momento en que normalmente la callarías.