La autoestima también sabe rectificar
Reconocer un error no reduce tu valor; demuestra que no necesitas proteger una imagen falsa.
Una autoestima frágil vive cualquier corrección como una amenaza. Por eso se justifica, culpa a otro o minimiza el daño. Parece seguridad, pero en realidad depende de no quedar nunca en evidencia.
La seguridad más honda permite decir: «me equivoqué». Distingue entre la dignidad de la persona y la calidad de una decisión concreta. El error necesita verdad, reparación y aprendizaje; no necesita que te declares inútil ni que finjas que nada ocurrió.
Rectificar aumenta la confianza porque devuelve la relación a la realidad. También te hace más libre para decidir: ya no tienes que acertar siempre para sentir que mereces respeto. Puedes asumir un riesgo razonable, aprender y recomenzar con humildad.
Idea clave
La autoestima sana protege la dignidad sin proteger los errores.
Tu reto para esta idea
Reconoce hoy un error sin añadir excusas y pregunta a la persona afectada qué puedes reparar.
BASADO EN
Dignidad humana →