Felipe no abordó al etíope con una conferencia preparada.
Felipe se acercó al carro y preguntó: «¿Entiendes lo que lees?». La pregunta reconocía que el otro ya tenía una historia, una inquietud y algo que decir.
No lo trató como un recipiente vacío.
Cuando quieres hablar de fe, puedes preparar tantas respuestas que olvidas escuchar.
Entras decidido a explicar y no descubres qué pregunta real tiene la persona, qué experiencia la marcó o qué palabras le producen rechazo. Una buena pregunta no es una técnica para llevar al otro a tu conclusión. Es interés verdadero. Si escuchas sin prisa, la conversación puede empezar donde la persona está y no donde tu discurso había decidido colocarla.
Idea clave
Compartir la fe comienza mejor escuchando la pregunta y la historia de la otra persona.
Tu reto para esta idea
En una conversación importante, haz hoy una pregunta abierta y escucha la respuesta sin preparar tu réplica.