No todas las miradas tienen la misma autoridad para decirte quién eres.
Desde pequeño oyes opiniones sobre ti. Algunas nacen del cariño y de conocerte bien; otras, de un mal momento, de un prejuicio o de las ganas de alguien de colocarte una etiqueta. Si les das a todas el mismo peso, cualquiera puede decirte quién eres.
Elegir bien a quién escuchas no es rodearte solo de gente que te aplaude. Necesitas miradas sinceras, capaces de reconocer lo bueno y de señalar un defecto sin reducirte a él. Y necesitas recordar la mirada de Dios, que te conoce mejor que nadie.
Puedes escuchar a cualquiera sin darle a cualquiera la última palabra. Quién eres lo descubres mejor ante Dios y junto a quienes te quieren de verdad.
Idea clave
No todas las opiniones sobre ti pesan lo mismo: escucha más a quien te conoce y te quiere de verdad.
Tu reto para esta idea
Piensa en una etiqueta que te pusieron y que todavía te pesa. Pregúntate si quien te la puso te conocía y te quería de verdad.