No todo sufrimiento es inútil, aunque ninguno sea cómodo.
El dolor no se debe buscar por gusto ni romantizar. Pero cuando llega, puede ayudarnos a recapacitar, limpiar deseos y acercarnos a Dios con más verdad.
La fe no llama bueno al mal. Enseña que Dios puede sacar bienes de lo que no entendemos y que el sufrimiento ofrecido puede convertirse en amor, reparación y camino.
También aquí entra Dios de una forma muy concreta. Él no mira solo lo que haces por fuera; también quiere ordenar el corazón, sanar lo que está herido y enseñarte a responder mejor, no solo a reaccionar.
Idea clave
El dolor puede tener sentido cuando se une a Dios y al amor.
Tu reto para esta idea
Ofrece hoy una molestia concreta por alguien que lo necesite.