¿El Dios del Antiguo Testamento es otro?
¿Un Dios severo antes y uno de amor después? Algo no cuadra... o falta contexto.
Es una objeción antigua: el Dios del Antiguo Testamento parece duro —guerras, castigos, leyes extrañas— y el del Nuevo, todo misericordia. ¿Cambió Dios de carácter? La Iglesia contestó a esto ya en el siglo II: es el mismo Dios. Lo que hay no son dos dioses, sino una pedagogía: Dios educando a un pueblo concreto, paso a paso, desde donde estaba. Como en toda educación, no se le pide lo mismo a un niño que a un adulto.
Además, leído entero, el Antiguo Testamento rebosa la ternura que se le niega: el Dios que atrae "con cuerdas de amor" (Oseas), el pastor del salmo 23, el que perdona a Nínive. Los santos más tiernos rezaron siempre con esos textos.
Y el broche lo pone Jesús: no tachó el Antiguo Testamento, lo cumplió. La paciencia que Dios tuvo con Israel es la misma que está teniendo contigo.
Idea clave
No hay dos dioses: hay una pedagogía de Dios que culmina en Jesús.
Tu reto para esta idea
Lee hoy el salmo 23 u Oseas 11,1-4 y fíjate en qué siglo se escribió esa ternura.
BASADO EN
Antiguo Testamento →