La meta final también educa el camino de hoy.
Creer en el cielo no es despreciar esta vida. Es recordar que tus decisiones pequeñas tienen peso eterno y que la felicidad completa no cabe en lo pasajero.
Cuando la meta es grande, el esfuerzo cambia de color. Perdonar, empezar de nuevo, rezar o cuidar un detalle dejan de ser gestos sueltos: se convierten en pasos hacia la casa final.
Idea clave
La esperanza del cielo da sentido a los esfuerzos de cada día.
Tu reto para esta idea
Ofrece una dificultad de hoy como un paso pequeño hacia Dios.