No es quedarse sin amar: es amar de otra manera.
Se suele ver el celibato de un sacerdote o de quien se consagra a Dios como una privación, algo que falta. Pero, bien vivido, no es un hueco vacío: es un corazón entregado entero a Dios y, por Él, a muchos.
No nace de despreciar el matrimonio, que es un gran bien, sino de una llamada distinta: dejar libre el corazón para una misión y para querer a mucha gente sin exclusivas. Es un modo de anticipar ya el cielo, donde el amor no pasará por el matrimonio.
No hay que entenderlo todo para respetarlo. Cuando se vive con alegría, se nota: no es alguien a quien le falta algo, sino alguien lleno de una razón que le desborda.
Idea clave
El celibato por Dios no es carencia, sino un corazón entregado para amar a muchos.
Tu reto para esta idea
Piensa en alguien que vive entregado a Dios o a los demás sin formar familia. Agradece hoy, o reza por, esa entrega.