En lo peor que pasó, el amor tuvo la última palabra.
Es fácil pensar que el mal gana casi siempre: la injusticia pesa, el dolor grita, las malas noticias mandan. La fe no lo niega, pero mira más lejos. En la Cruz, la mayor injusticia de la historia, no tuvo la última palabra el odio, sino un amor que perdona.
Y esa palabra final llegó tres días después: «ha resucitado». El mal hizo lo peor que sabe hacer y, aun así, no pudo con el amor. Por eso el desenlace de la historia no es una tumba, sino una mañana.
No es negar lo que duele ni mirar para otro lado. Es afrontar el mal sabiendo cómo acaba: ya se libró la batalla decisiva, y ganó el amor. Eso te permite luchar contra lo que está mal sin caer en la desesperación.
Idea clave
El amor de Cristo es más fuerte que el pecado y que todo mal.
Tu reto para esta idea
Ante una injusticia que te indigna hoy, responde con un gesto de bien concreto en vez de quedarte solo en la rabia.