La libertad no crece alejándose del bien.
Muchas veces se imagina a Dios como un límite que recorta opciones. Pero la libertad no es hacer cualquier cosa, sino poder elegir inteligentemente el bien.
Dios no compite con esa libertad: la crea, la mantiene en pie y la orienta. Cuanto más esclavo eres del capricho, menos libre eres. Cuanto más eliges el bien, más dueño de ti mismo te vuelves.
La clave es no usar la duda como excusa para quedarse quieto. Una pregunta bien vivida puede acercar a Dios si se hace con humildad, si busca la verdad y si está dispuesta a cambiar algo cuando encuentre luz.
Idea clave
Dios no destruye la libertad; la orienta hacia su plenitud.
Tu reto para esta idea
Mira una decisión de hoy y pregúntate si te hace más libre o más esclavo.