Que millones reciban a Cristo no deja menos para ti.
Santa Catalina comparaba la presencia de Cristo con una llama capaz de encender muchas velas sin disminuir.
Cada persona puede recibirlo entero, aunque innumerables personas comulguen en el mismo día y en lugares distintos.
Estamos acostumbrados a bienes que se reparten y se acaban. Si alguien recibe más, queda menos para los demás.
Con Dios no funciona esa lógica de escasez: su entrega no lo reduce ni convierte su amor en una competición.
Por eso no necesitas comparar tu historia espiritual con la de otro. Dios no ha agotado su paciencia ni su cercanía antes de llegar a ti. Puedes acercarte sin miedo a recibir las sobras.
Idea clave
El amor de Dios se entrega entero a cada persona sin agotarse.
Tu reto para esta idea
Cuando hoy te compares con alguien, repite: «El bien que recibe no reduce el que Dios tiene para mí».