Hay días que acaban con las manos vacías. También para esos días hay sitio.
Estudias y no rinde, trabajas y nada sale, lo intentas y vuelves a casa con las manos vacías. Hay días así, y cansan el doble: por el esfuerzo y por la sensación de que no ha servido.
En esos momentos es fácil castigarte con reproches o hacer balance de toda tu vida. Pero un mal día no resume nada. Lo primero no es analizarlo, sino descansar: cenar tranquilo, hablar con alguien, irte a dormir.
Dios no te espera solo cuando triunfas. También te espera cuando vuelves de vacío, sin lecciones ni reproches, para que recuperes fuerzas. Mañana podrás volver a empezar.
Idea clave
Dios no te espera solo cuando triunfas: también cuando vuelves con las manos vacías.
Tu reto para esta idea
Si hoy algo te ha salido mal, antes de darle vueltas descansa un rato y cuéntaselo a Dios.