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Emociones

Da gracias también por lo que duele

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Agradecer solo lo bueno es fácil; ahí no está el secreto.

Damos gracias cuando las cosas salen: un logro, una alegría, algo que sí queríamos. Es lo natural. Pero hay una gratitud más honda, la que aprende a agradecer también lo que cuesta: un revés, una espera, incluso un desprecio. No se trata de fingir que el dolor es bueno ni de negar lo que duele. Es confiar en que, para quien se sabe querido por Dios, todo puede acabar sirviendo, aunque ahora no veamos cómo. Esa confianza cambia el peso de las cosas. Empieza pequeño: dar gracias por lo evidente y, poco a poco, también por lo difícil. Un corazón agradecido vive más en paz, porque deja de estar siempre a la defensiva.

Idea clave

La gratitud madura aprende a agradecer también lo que cuesta, confiando en Dios.

Tu reto para esta idea

Hoy da gracias a Dios por una cosa buena y también por una difícil, pidiéndole que saque bien de ella.

BASADO EN

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