Llegar tarde por atender a un enfermo no es perder el tiempo de Dios.
La beata Emilia perdió la noción del tiempo mientras cuidaba a una hermana enferma y terminó perdiéndose la Misa. Le dolió no poder comulgar, pero su retraso había nacido de una obra concreta de caridad. A veces enfrentamos la oración y el servicio como si Dios compitiera con la persona que necesita ayuda. Hay obligaciones que deben ordenarse bien, pero una práctica piadosa no puede servir de excusa para abandonar a quien depende de ti.
Cuidar con amor también es encontrarte con Cristo. La vida interior no se demuestra desentendiéndote del enfermo, sino aprendiendo a reconocer a Dios tanto en el altar como junto a su cama.
Idea clave
La caridad verdadera no compite con la vida espiritual: la pone a prueba.
Tu reto para esta idea
Haz hoy con calma una tarea de cuidado que normalmente realizas mirando el reloj.