Hay cargas que no elegiste y que, aun así, te toca llevar.
Cuidar a un familiar enfermo, sacar adelante un trabajo que nadie quiere, sostener una situación que no provocaste. Muchas cargas llegan así, sin pedir permiso, y está bien reconocer que pesan.
Pero se llevan de otra manera cuando descubres que no las cargas solo. A Simón de Cirene le obligaron a llevar la cruz de Jesús, y en ese trayecto que no eligió fue quien estuvo más cerca de Él.
Lo que empieza como una imposición puede convertirse en el lugar de un encuentro. No hace falta que te guste la carga. Basta con no llevarla a solas: Cristo va delante, y tú le ayudas.
Idea clave
Una carga que no elegiste puede convertirse en un encuentro con Cristo.
Tu reto para esta idea
Ofrece hoy a Dios una carga que no elegiste y pídele fuerza para llevarla un día más.