Miras el móvil a ver si alguien te ha escrito, mientras quien tienes al lado quizá te necesita a ti.
Hay días en los que te sientes solo y miras el móvil una y otra vez: nadie escribe, nadie pregunta, nadie se acuerda. Duele sentirse olvidado, y es muy humano necesitar que te tengan en cuenta.
Pero a veces esa espera nos encierra. Estamos tan pendientes de si alguien se ha acordado de nosotros que no vemos a quien tenemos al lado, que quizá se siente igual. Y la soledad crece.
Una salida sencilla es darle la vuelta: ser tú quien se acuerda. Escribir a alguien, preguntar cómo está, acercarte a quien tienes cerca. No lo cambia todo de golpe, pero rompe el círculo. Y en esos ratos en que nadie te escribe, recuerda que Dios no se olvida de ti.
Idea clave
A veces la mejor salida de la soledad es ser tú quien se acuerda de otro.
Tu reto para esta idea
Escribe hoy a alguien que hace tiempo que no sabe de ti, solo para preguntarle cómo está.