No importa cuánto tiempo haya pasado: siempre puedes volver a empezar.
Quizá te alejaste poco a poco, dejaste de rezar o simplemente te acostumbraste a vivir sin mirar a Dios. Volver puede dar pudor, pero no tiene por qué ser complicado.
La conversión empieza muchas veces con un gesto pequeño y sincero. Dios no espera una actuación perfecta, sino un corazón que vuelve.
La confesión no es una sala para personas impecables. Es un lugar de verdad y misericordia donde puedes dejar de justificarte y volver a empezar con la gracia de Dios.
Idea clave
Volver a la fe empieza con un paso humilde.
Tu reto para esta idea
Habla hoy con Dios con tus propias palabras. Sin fórmulas forzadas, con sinceridad.