Tu mente no está rota: está demasiado acostumbrada al ruido.
La falta de atención no aparece de golpe. Se forma poco a poco cuando saltas continuamente entre pantallas, mensajes, vídeos y tareas sin terminar.
La concentración se recupera volviendo a educar la mente. Menos estímulos, más silencio y una tarea cada vez. También la vida interior necesita atención para crecer.
La concentración crece con decisiones pequeñas y visibles. No hace falta odiar las pantallas, sino impedir que decidan automáticamente qué merece tu atención.
Idea clave
La atención se recupera reduciendo ruido y entrenando constancia.
Tu reto para esta idea
Haz 25 minutos de trabajo sin interrupciones. Sin mirar el móvil.